Programa de seguimiento telefónico para la prevención del suicidio del Servicio Navarro de Salud – Osasunbidea. A propósito de un caso clínico.

Introducción:
El Programa de Prevención del Suicidio (PPS) es una herramienta dirigida a la población mayor de 17 años, tras haber sobrevivido a un intento de suicidio. Una Enfermera especialista en salud mental es la responsable de llevarlo a cabo e instaura un seguimiento específico durante 1 año mediante la realización de 6 llamadas, con la posibilidad de que el propio paciente tome la iniciativa de hacerlo. El PPS complementa, no excluye, el seguimiento en Centro de Salud Mental (CSM). Si se detecta un aumento del riesgo, la Enfermera responsable se coordina con el Médico referente y/o Servicio de Urgencias (SU) u otros agentes implicados activando el protocolo de actuación.
Caso clínico:
Varón de 22 años, el mayor de dos hermanos; atendido en dos ocasiones en el último año en Urgencias de Psiquiatría. Antecedentes familiares con padre consumidor de cannabis y alcohol; y madre con posible trastorno psiquiátrico no filiado y policonsumo, con patrón de consumo activo en el momento de la gestación y el embarazo.
Presentaba el antecedente a destacar de enfermedad de Graves-Basedow que requirió una tiroidectomía total en 2015, y posterior tratamiento hormonal sustitutivo con levotiroxina 200mcg al día, con un consumo errático del fármaco.
Sin antecedentes psiquiátricos hasta enero de 2018, cuando es atendido en SU por sobreingesta medicamentosa con finalidad autolítica. El paciente explicaba un contexto estresante habiendo discutido con su madre y tras llevar 3 días sin dormir. Orientado como reacción a estrés agudo, se realizó contención mecánica y farmacológica, y fue derivado a CSM. Aceptó participar en el programa de seguimiento telefónico y no se pautó medicación. Tras acudir a la primera cita, no se consigue la adherencia más allá de los 2 primeros meses.
Un año después, los familiares transmiten a la Enfermera del PPS su preocupación por la falta de autocuidado y abandono del tratamiento con levotiroxina. Se evaluó el riesgo autolítico, evidenciando una negativa a acudir a CSM y amenazando con “tirarse a las vías del tren”, además de rechazar el tratamiento hormonal y cualquier asistencia sanitaria. Tras avisar al 112, el paciente accedió a tomar su medicación habitual y la familia rechazó el traslado a SU.
Dos semanas después acudió al SU por agitación severa. La familia informó de alteraciones de conducta de 2-3 días de evolución y heteroagresividad. En la valoración se mostraba hiperfónico, irritable y poco colaborador, precisando contención mecánica y farmacológica. Presentaba desorganización del pensamiento, trastornos sensoperceptivos visuales y auditivos, ideación delirante de perjuicio y megalomanía. Los tóxicos en orina resultaron positivos para anfetaminas y cannabis. Con diagnóstico de trastorno psicótico secundario a drogas se indicó el ingreso involuntario en Unidad de Hospitalización Psiquiátrica bajo ratificación judicial.
Conclusión:
En pacientes con riesgo suicida desvinculados tanto de Atención Primaria como de Atención Especializada, el papel de enfermería del PPS es esencial, dado que mantiene los contactos puntuales con el paciente y puede identificar situaciones estresantes o momentos de máximo riesgo de suicidio actuando así en consecuencia.
