“Pero no supe cómo comunicarlo de otra manera”. El intento autolítico como expresión de malestar emocional.

La conducta suicida es un serio problema de salud pública en el mundo actual. Se estima que la mortalidad anual en España por esta causa es de 5,7/100.000 habitantes, siendo entre los jóvenes de 15 a 24 años la segunda causa de fallecimiento. En la detección temprana del acto suicida, juega un papel fundamental tanto la familia del paciente, como el médico de atención primaria y los profesionales de Salud Mental. Presentamos el caso de una adolescente de 17 años, que es llevada al Servicio de Urgencias, tras realizar una sobreingesta medicamentosa voluntaria con antidepresivos tricíclicos. Tras estabilización del cuadro, se decide ingreso en medicina interna para seguir la evolución. La paciente estaba en seguimiento por Salud Mental debido a un trastorno adaptativo de larga evolución, en relación al cambio de centro escolar. Ésta, asistía regularmente a su médico de cabecera, el cual trabajó con ella la necesidad de acudir a psiquiatría ya que presentaba desde hace tiempo hipotimia, mayor aislamiento social, insomnio mixto y anhedonia parcial, en relación con el reciente cambio de centro, por deseo de sus padres, sin que ella pudiera poner objeción alguna, según comenta la propia paciente. Ella se define como una chica responsable, organizada y aplicada en los estudios. Con un gran grupo de iguales con los que comparte aficiones y objetivos. Comenta que el clima en su casa es de una gran presión por la obtención de resultados excelentes en el ámbito escolar. Al alta hospitalaria realiza crítica del intento autolítico, lo define como “una reacción desproporcionada ante un momento de gran malestar, pero no supe comunicarlo de otra manera”. La familia se muestra colaboradora y preocupada, pero con dificultad en la comunicación con la paciente, por ello, se intenta crear un clima que favorezca la expresión. En un primer momento, prima la culpabilización parental ante no haber sido capaces de darse cuenta de lo que ocurría. La paciente reconoce que llevaba tiempo disimulando su estado, haciendo que todo estaba bien, hasta que no pudo aguantar más. Se muestra dolida por el sufrimiento que les provoca, especialmente a su hermana pequeña. Describe gran dificultad de comunicación con su padre, muy racionalizador y siempre con gran exigencia en cuanto a los resultados y describe a su madre como afectuosa pero siempre subordinada a lo que su padre opinara. Tanto la familia como la paciente, están de acuerdo a acudir a sesiones mensuales en Salud Mental para progresivamente conseguir un clima expresivo adecuado, mejorando la comunicación familiar y la verbalización de los conflictos. Destacamos un caso clínico que demuestra la importancia del trabajo en equipo entre el médico de cabecera y los profesionales de salud mental para fortalecer el desarrollo personal y familiar y dotar a este núcleo de algunos recursos para la resolución de futuros conflictos.
