“El papel del propio paciente en la prevención del suicidio: Implicación y fortalezas personales.”M

El suicidio representa un grave problema de salud pública, con alrededor de un millón de muertes anuales en todo el mundo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España, se quitan la vida nueve personas al día, siendo los varones (78,09%) más del triple que en las mujeres (21,90%). Se presenta el caso de un varón de 55 años con diagnóstico de trastorno depresivo recurrente y abuso de alcohol puntualmente. Acude de forma urgente al centro de Salud Mental presentando ideación autolítica estructurada, desde hace una semana, acompañado de gran angustia. El paciente, había sido recientemente despedido de un cargo, para el cual se sentía muy cualificado y estaba en proceso de divorcio. Presentaba gran rigidez cognitiva y perfeccionismo. En la consulta, se realizó una evaluación del riesgo suicida mediante la entrevista clínica y escalas de evaluación. En relación al contexto, se apreciaban estresores vitales relevantes (despido y divorcio), aislamiento en su domicilio y reinicio en el consumo de alcohol unido a clínica afectiva con gran desesperanza y ausencia de círculo social cercano. Se analizaron los factores de riesgo de conducta autolítica: Intencionalidad y elaboración del plan suicida con alta letalidad. Se aplicó la Escala de Desesperanza de Beck, obteniéndose una puntuación de 15, y el ítem sobre conducta suicida de la Escala de Depresión de este mismo autor, con 4 puntos. Los resultados objetivaban gran riesgo de acting out. Se realizó un análisis de los factores protectores del sujeto, los cuales, en ese momento, no se pudieron trabajar. El paciente, mostró gran interés en implicarse en la toma de decisiones sobre el tratamiento, decidiendo conjuntamente un ingreso para contención en crisis. Destacar en este caso, que la iniciativa del paciente para acudir a los dispositivos de urgencias, fue lo fundamental para prevenir un posible caso de suicidio consumado. Desde hace más de 40 años, la OMS recomienda la elaboración y aplicación de estrategias de prevención del suicidio. Aunque la investigación se ha centrado tradicionalmente en los factores de riesgo, el hecho de que estos no incidan en todas las personas de la misma manera, sugiere la existencia de factores protectores que podrían estar modulando dicho riesgo. De todas las variables estudiadas, el alto nivel de autonomía es la que cuenta con mayor evidencia y podría ejercer una función preventiva. Otras variables que podrían estar implicadas son el apoyo social percibido, el apego y las creencias relacionadas con el suicidio. Este es un caso clínico en el que además del papel de los profesionales de Salud Mental, fundamental en la prevención de la conducta suicida, destaca el papel que juega el propio sujeto. Recordando que no se pueden olvidar los aspectos personales del propio paciente, como su capacidad de implicación en la propia prevención e intentando fomentando sus propias fortalezas.
