¿Dejarse morir es intentar suicidarse?

Planteamos un caso clínico donde se ven entremezcladas las cuestiones de tipo legal, los principios de la ética del paciente en la toma de decisiones, la organicidad y la clínica psiquiátrica. Paciente de 53 años que acude a urgencias acompañada de su hija, refiere sensación de ahogo y taquicardia. A la llegada a urgencias se trata como una crisis de ansiedad y es valorada por psiquiatría de guardia. La paciente esta en seguimiento por un equipo de salud mental comunitaria con un diagnostico de trastorno de personalidad mixto y T. ansioso-depresivo con antidepresivos como tratamiento actual. En los antecedentes clínicos hay un episodio de Tromboembolismo pulmonar (TEP) hace tres meses. La paciente refiere que no ha seguido las indicaciones del tratamiento para el TEP que había sufrido, refiriendo en consulta “no quiero vivir, no soy capaz de hacerme daño así que me voy a dejar morir”. Tras la exploración de la paciente se sospecha un origen orgánico del cuadro por lo que se amplían las pruebas complementarias (Analítica de sangre, orina y Rx torax) obteniéndose el Dímero D elevado. Cuando se le propone a la paciente que firme el consentimiento informado para realizar el TAC con protocolo de TEP se niega a ello. Vuelve a ser valorada por psiquiatría de guardia, en la exploración psicopatológica las capacidades volitivas son consideradas como mermadas a consecuencia del cuadro afectivo que presenta. Tras la entrevista la paciente accede a realizarse la prueba, sin embargo tras confirmarse el TEP se niega al ingreso y al tratamiento que se le ofrece, siendo necesario un ingreso involuntario en el área de observación.
