¿La conducta suicida se justifica solo por la depresión? A propósito de un caso

Se trata de una paciente de 61 años, divorciada y con tres hijos. Ex-fumadora desde hace un año, sin referir consumo de otros tóxicos.
Destacan varias enfermedades de transmisión sexual, incluyendo un episodio de gonorrea a los 45 años y una infección por Treponema Pallidum en 2015, que se trató con Ceftriaxona 1g intramuscular en dosis semanal durante tres semanas, sin realizarse controles posteriores. Cirugía de tumor benigno de mama en 1986. En seguimiento desde 2014 en la Unidad de Trastornos Cognitivos constando una valoración de 5 en la Escala de Deterioro Global.
La paciente inició contacto con Psiquiatría a los 27 años, por crisis de ansiedad recurrentes orientándose como trastorno adaptativo con estado de ánimo ansioso-depresivo reactivo a factores estresantes ambientales. Constan dos intentos de suicidio por sobreingesta medicamentosa en contexto de problemas conyugales, y un intento de defenestración en 2014, que requirió ingreso en la Unidad de Agudos, con seguimiento posterior al alta en la consulta de prevención de riesgo suicida. Durante los últimos dos años, la paciente ha precisado varios ingresos en diferentes recursos asistenciales (Unidad de Agudos, Unidad de Subagudos, Hospital de Día, Unidad de Corta Estancia), con orientación diagnóstica de trastorno depresivo mayor recurrente, trastorno de ansiedad con agorafobia y trastorno cognitivo.
Su tratamiento diario habitual era 150 mg de Clormipramina, 30 mg de Mirtazapina, 150 mg de Pregabalina y 2 mg de Lormetazepam.
En octubre de 2016, la paciente acudía adecuadamente y recuperando funcionalidad a Centro de Día, hasta que un día realizó intento de defenestración que pudo ser frustrado por sus compañeros, y que motivó un nuevo ingreso en la Unidad de Agudos. Refería empeoramiento afectivo progresivo en las cuatro semanas anteriores, con tristeza, apatía, abandono del cuidado personal, hiporexia e insomnio con despertar precoz, así como ideación suicida cada vez más estructurada, hasta llegar al gesto anteriormente mencionado, del que no realizaba crítica. También refería alteraciones cognitivas que le impedían llevar a cabo las actividades básicas de la vida diaria con normalidad.
Los resultados de los análisis sanguíneos y de orina correspondientes al protocolo de ingreso se encontraban dentro de la normalidad, siendo negativos los tóxicos en orina.
Se establecieron como objetivos iniciales del ingreso la contención de la conducta suicida y el ajuste del tratamiento. Durante su estancia en la unidad, se mostró adaptada y colaboradora.
Como entidades para el diagnóstico diferencial del cuadro clínico, deberían considerarse el trastorno depresivo mayor, la demencia, e incluso la Neurolúes, ya que consta antecedente de infección por Treponema Pallidum.
Durante el ingreso se ensayaron distintos tratamientos antidepresivos, sustituyéndose Clomipramina por Vortioxetina a 10 mg/día, tratamiento con el que se objetivó mejor tolerabilidad y cierta mejora cognitiva que pudo evidenciarse durante los permisos domiciliarios que se realizaron, en los que la paciente demostró mejor funcionalidad a nivel de les actividades de la vida diaria, recuperando su autocuidado y disminuyendo progresivamente las quejas mnésicas. Las ideas de muerte también mejoraron, tanto en el ámbito hospitalario como fuera del hospital, con mayor exigencia ambiental.
