Uso de antipsicóticos en retraso mental: a propósito de dos casos clínicos

Se presenta dos casos en los que el tratamiento con aripiprazol intramuscular de liberación mantenida modificó de forma significativa su calidad de vida.
La primera paciente que se presenta es una mujer de 38 años, con retraso mental moderado, que desde hacía 10 años se encontraba en tratamiento con risperidona 3mg DMD. La paciente se encontraba con signos claros de impregnación farmacológica, refería elevada somnolencia diurna, así como apatía y abulia significativa, que dificultaba preservar su funcionamiento diario, dado que no era capaz de realizar las tareas del centro de día donde acudía. Desde el punto de vista metabólico, la paciente presentaba sobrepeso, rigidez y amenorrea de unos 7 meses de evolución. El motivo por el cual se pautó en su día el tratamiento con risperidona era que, en situaciones de frustración y límites, la paciente presentaba alteraciones de conducta con heteroagresividad física hacia objetos.
Dados los efectos secundarios presentados con el tratamiento prescrito, se decidió cambio del mismo a aripiprazol. Como no presentó efectos adversos con la pauta oral, se decidió cambio a la formulación intramuscular mensual, con el objetivo de normalizar lo máximo posible la vida diaria de la paciente. Tras dos meses con el mismo, se objetivó una mejoría anímica, encontrándose la paciente más activa, sin referir hipersomnolencia, con adecuada resonancia afectiva. Desapareció la rigidez, favoreciendo la realización de actividades deportivas, al mejorar la movilidad y coordinación, y disminuyó de peso, mejorando así su riesgo metabólico por ambos motivos. A nivel conductual, al mejorar la calidad de vida, con la sensación subjetiva de la propia paciente que así lo refería de encontrarse mejor, las alteraciones de conductas fueron en disminución.
La segunda paciente es una mujer de 19 años, con CI de 58. Desde la edad temprana se encontraba en seguimiento por Salud Mental por clínica compatible con TOC, recibiendo tratamiento con sertralina a 100mg DMD y rivotril 0.5mg como rescate. Al cumplir los 18 años, la paciente comienza a presentar alteraciones de conducta, con hipersexualización y conductas de riesgo. Tras ingresar en la UHB en tres ocasiones, recibiendo tratamiento con quetiapina a dosis crecientes hasta alcanzar una DMD de 300mg, la paciente no presentaba ninguna mejoría. Además, había comenzado a presentar aumento ponderal significativo e hipersomnolencia diurna significativa, que le dificultaba acudir a las clases escolares que recibía. Por esos motivos, se decide cambio de tratamiento a aripiprazol intramuscular de liberación mantenida. Tras cuatro meses de tratamiento con el mismo, presentó, por un lado una mejoría del peso y por otro, mejoraron las conductas desinhibidas y de descontrol de impulsos.
CONCLUSIONES
Aunque no hay suficiente evidencia del uso farmacológico en caso de discapacidad intelectual, algunos fármacos sí que se han observado una mejoría de los síntomas presentados y de la calidad de vida. En su elección tiene que primar los que tengan menores efectos secundarios, facilidad de administración y mejor tolerabilidad.
REFERENCIAS
1. Cukier S, Barrios N. Intervenciones farmacológicas en discapacidad intelectual y autismo [Pharmacological interventions for intellectual disability and autism]. Vertex. 2019 Jan-Feb;XXX(143):52-63. Spanish. PMID: 31968031.
