Tratar, no tratar o cómo tratar en el embarazo. Reflexión a propósito de un caso

Introducción:
El embarazo es un factor estresante para el organismo y puede constituir el periodo de inicio de diversos trastornos mentales a la vez que, si ya existía patología previa, puede descompensarse. Surgen a veces en esta etapa dilemas derivados de que el uso de fármacos (incluidos los psicofármacos) está muy restringido durante la misma por el efecto que pueden tener sobre el feto. El uso de fármacos no aprobados durante el embarazo puede tener implicaciones clínicas particulares, además de éticas y legales.
Entre el 20 y 40% de las embarazadas presentan morbilidad psiquiátrica. La clínica más frecuente es la ansioso-depresiva. Cuadros psicóticos, agitación, descompensación hacia la manía… también pueden aparecer.
Objetivos:
– Descripción de un caso clínico único de uso de olanzapina durante el embarazo.
– Reflexión acerca de la importancia de la buena elección de un fármaco en el embarazo teniendo en cuenta riesgos y beneficios de su uso.
Método:
Exposición de caso clínico único.
Resultados:
Mujer de 37 años diagnosticada de trastorno esquizoafectivo que acude a Urgencias por conocimiento reciente de estado gestante (12 semanas). Antecedentes de dos descompensaciones psicóticas hasta el momento, en una de las cuales realizó intento autolítico por defenestración. Estable desde hace dos años con Olanzapina, con dosis actual de 10mg al día.
Dados los antecedentes así como la dificultad que hubo para la estabilización del cuadro, se decide, tras valorar riesgos y beneficios, mantener Olanzapina a la misma dosis todo el embarazo. Paciente y familia se muestran de acuerdo tras explicar riesgos del mantenimiento de dicho fármaco en la gestación.
Se mantuvo control estrecho durante todo el embarazo sin observarse empeoramiento a nivel psicopatológico, ni tampoco alteraciones en el feto en el seguimiento por Tocología.
Discusión:
En ocasiones, se dan situaciones clínicas en las que hay que valorar el beneficio y perjuicio de administrar un determinado tratamiento. Una de estas circunstancias sería el embarazo.
En algunos casos, el riesgo de no tratar o de cambiar un tratamiento con el que una madre embarazada ha estado estable durante largo tiempo puede ser mayor que el riesgo teratogénico, obstétrico y neonatal que implica mantenerlo. Casos con antecedentes de dificultad de manejo o de eventos graves como el que nos ocupa son subsidiarios de, siempre con la debida autorización tras una adecuada información y documentación, ser tratados de una forma en principio no recomendada pero que garantice la estabilidad materna para mejorar el pronóstico general.
La dificultad para la prescripción de psicofármacos en embarazadas está influida por la imposibilidad de realizar estudios controlados que concluyan seguridad en su administración. Actualmente, no hay criterios unificados sobre cómo manejar los tratamientos y tampoco se conoce bien la morbimortalidad de las enfermedades psiquiátricas no tratadas durante el embarazo.
Con toda la información científica disponible no se pueden hacer más que recomendaciones de seguridad individualizadas por paciente.
Conclusión:
En el embarazo, hay que valorar cada caso de forma individualizada. A veces, será más seguro mantener un tratamiento a priori no recomendado para garantizar la mayor probabilidad de buena evolución.
