Revisión psicobiológica del suicidio

El suicidio es el acto de quitarse la propia vida. Para considerarse suicidio, la
muerte debe ser el motivo del acto, y no sólo una consecuencia casi ineludible. Se
distingue entre los gestos suicidas, que describen los planes de suicidio y las acciones
que tienen pocas posibilidades de llevar a la muerte; los intentos autolíticos, que tienen
intencionalidad de muerte; y el suicidio consumado o autolisis, que da como resultado
la muerte.
El suicidio ha estado ligado a la humanidad y sus costumbres. Durkheim
interpreta el suicidio en clave sociológica, como síntoma patológico de la regulación
social del individuo. Freud ofrece la primera explicación psicológica de este fenómeno
que representa una agresión dirigida hacia dentro, contra un objeto introyectado. Así, el
suicidio sería consecuencia del deseo previo, reprimido e insoportable, de matar a otra
persona. Para Menninger hay tres componentes de hostilidad en el suicidio: el deseo de
matar, el deseo de ser matado y el deseo de morir. Para Joiner el deseo de la muerte,
está compuesto por dos estados psicológicos: la percepción de ser una carga para los
demás y el sentimiento de no pertenecer a nada.
El suicidio es la primera causa de muerte violenta en el mundo. La tasa de
suicidio en España es de 5 a 9 por cada 100000 habitantes al año, siendo mayor la tasa
en Andalucía y Cataluña. Este fenómeno es más frecuente en los varones, y aumenta en
los adultos jóvenes y en los mayores de 60 años. La letalidad del método es mayor en
los varones, pero las mujeres realizan mayor número de intentos autolíticos a lo largo de
su vida. Con frecuencia se detectan una historia personal y familiar de intentos
autolíticos o trastornos afectivos. Otros factores de riesgo asociados son la soledad, la
desesperanza, la impulsividad, el desempleo, los problemas económicos y, por supuesto,
las enfermedades psiquiátricas (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia y abuso de
sustancias).
El presente trabajo pretende también clarificar los mecanismos neurobiológicos
implicados en el suicidio. A nivel neuroanatómico lo más destacado son las lesiones en
el córtex prefrontal ya que afectan al comportamiento social y a la toma de decisiones,
estando especialmente dañadas sus conexiones con la amígdala, el córtex
somatosensorial y la ínsula en el caso del suicidio. No en vano, estas estructuras están
implicadas en la regulación de las emociones y la conducta agresiva. Defectos
microestructurales en sinergia con una deplección de la serotonina a nivel prefrontal,
aumentan la impulsividad y letalidad de la conducta. Estudios prospectivos, y
postmortem apoyan esta tesis, independientemente del diagnóstico psiquiátrico.
Por otra parte, el test de supresión de la dexametasona evidencia una
hipercortisolemia indicadora de altos niveles de estrés en las personas con ideación
suicida. También se han detectado bajos niveles de colesterolcerebral y de la hormona
estimulante del tiroides.
En conclusión, el suicidio es una complicación posible en todos los trastornos
psiquiátricos, y depende de la combinación e factores biológicos, psicológicos y
ambientales.
