Recuperar una vida

Varón de 29 años de edad atendido desde 2008 a nivel comunitario en Salud Mental. Cuenta con dos ingresos hospitalarios en 2013. Posteriormente acude durante un año al Hospital de día y tras ser dado de alta, asiste de forma regular al grupo de recuperación de pacientes psicóticos. De forma paralela ha sido atendido en dispositivos para el tratamiento de adicciones por consumo abusivo e irregular de cocaína, alcohol, THC y drogas de diseño.
Ha presentado diferentes orientaciones diagnósticas: trastorno mixto ansioso-depresivo (2008), trastorno de personalidad paranoide (2010), trastorno psicótico agudo polimorfo (2013, informe de alta hospitalaria), trastorno afectivo bipolar (2013, informe referente comunitario). Diagnóstico actual de trastorno psicótico sin especificación.
Hijo menor de una familia acomodada, dos hermanos. Abuelo materno fallecido por ahorcamiento, sin otro antecedente de interés a nivel familiar. Constancia de parejas heterosexuales, aunque en el momento actual no mantiene ninguna. Activo a nivel laboral hasta 2013.
Al revisar las distintas exploraciones psicopatológicas realizadas por los profesionales que le han evaluado durante su proceso terapéutico, destaca la persistencia de los mismos síntomas sin modificaciones a lo largo del tiempo. Discurso organizado con presión al habla, contenidos de baja autoestima, culpa, desesperanza, y escasa perspectiva de futuro, vivencia de rasgos físicos anómalos, contenidos delirantes autorreferenciales vagos y mal estructurados, así como elementos paranoides de perjuicio que se mantienen pese a la ausencia de consumo de tóxicos. Ideación autolítica mantenida. No trastornos de la propiedad del pensamiento ni sensoperceptivos. Ansiedad, irritabilidad, apatía, anhedonia, y abandono de actividades placenteras con aislamiento en domicilio. Insomnio global y disminución de apetito, y libido. Impulsivo, escasa capacidad de elaboración de conflictos, tendencia al acto, hipersensibilidad.
Se han realizado múltiples intervenciones farmacológicas (antipsicóticos, normotímicos, antidepresivos) sin efectividad en el control de la clínica. La sintomatología ha ido mermando sus apoyos sanos y su rendimiento laboral.
El tratamiento actual consta de valproico como normotímico, tras desestimar litio por aparición de temblor y síntomas extrapiramidales. La inclusión de antidepresivos promueve la aparición de síntomas maniformes. Control de síntomas de ansiedad con BZD y pregabalina. Se suspende Olanzapina por excesiva somnolencia, decidiendo instaurar tratamiento con aripiprazol oral (30mg) y posteriormente depot (300mg). Tras primera dosis administrada se aprecia el cese de amenazas autolesivas, recuperación progresiva en su funcionalidad, volviendo a realizar actividades fuera del domicilio, disminución de la angustia y fenómenos paranoides iniciando la retirada de ansiolíticos.
Los pacientes con trastorno bipolar II están sintomáticamente enfermos más del 50 por ciento de sus vidas después del inicio de la enfermedad y están en alto riesgo de suicidio (Ludd et al, 2003). Tras esta respuesta clínica nos planteamos como primera opción la no adherencia al tratamiento oral durante su proceso, la incidencia del tratamiento con aripiprazol en la disminución de las ideas suicidas (Angst F et al, 2002), conductas autodestructivas (Fazel S et al, 2014) y en el control de las clínica psicótica en el trastorno afectivo bipolar (Calabrese JR et al, 2017)
