Prevención Cuaternaria en Salud Mental: evitando la medicalización.

En los últimos años, los profesionales de la Salud Mental estamos asistiendo a un incremento de distintas demandas por parte de la población, que sin cumplir criterios para ser diagnosticados de un trastorno mental, presentan ciertos síntomas, y son remitidos a un servicio de salud mental.
Son demandas que tienen que ver con sentimientos de malestar, definidos éstos como un conjunto de emociones desagradables (tristeza, soledad, rabia, odio….) que aparecen en el contexto de un acontecimiento o situación vital estresante, como respuesta adaptativa, legítima y proporcionada, y por tanto no patológica.
Las clasificaciones nosográficas actuales DSM-5 y CIE-10, recogen este tipo de demandas en un capítulo aparte, fuera de los trastornos mentales, y las denominan códigos Z.
En la actualidad, con frecuencia, estos sentimientos ya no son experimentados como naturales y adaptativos, sino recodificados como patológicos, y se consideran que pueden ser suprimidos por un profesional en salud mental. Este fenómeno se incluye en el proceso descrito como “medicalización y psicologización de la sociedad” por el cual, cada vez más, aspectos y elementos de la vida de los ciudadanos se entienden y se tratan como un problema sanitario.
En este sentido, la prevención cuaternaria en salud mental, trata de evitar o atenuar las consecuencias de la actividad innecesaria o excesiva del sistema sanitario. Su fundamento es el principio hipocrático “ primum non nocere”.
Es por ello importante reconsiderar y reivindicar la “indicación de no-tratamiento”, entendida como una intervención clínica por la que acordamos con en el paciente no realizar ninguna intervención terapéutica: « intervenimos para no intervenir». Se debe indicar cuando los beneficios que vamos a obtener con la intervención son inferiores a los daños que podemos producir.
Exponemos dos casos remitidos desde atención primaria a nuestra USMC:
El primero se trata de una joven de 25 años de edad, derivada por: “Llanto, insomnio…tras ruptura de pareja hace un mes”. El segundo caso se trata de un varón de tiene 49 años, que se encuentra en paro desde hace 15 meses. Le envían por: “Depresión reactiva. Lleva 4 meses con tratamiento psicofarmacológico, sin mejoría”
Tras entrevista clínica, acordamos en ambos casos, indicación de no-tratamiento, realizando con cada uno de ellos, una resignificación de los síntomas que viven como señales de una enfermedad, en una respuesta emocional legítima y adaptativa. En el segundo caso, además, intentamos deconstrurir la versión “medicalizada” para buscar un nuevo sentido a sus sentimientos en el contexto de su biografía y su experiencia vital. Intentamos así aumentar la confianza, su capacidad y su responsabilidad para gestionar sus emociones, dejando abierta la posibilidad de más consultas mediadas por atención primaria, confiando que los pacientes poseen herramientas suficientes para afrontar sin ayuda profesional sanitaria el problema que están experimentando.
