No me chilles que no me muevo. Un caso de Trastorno Conversivo y Dependencia a opiáceos.

PRESENTACIÓN CASO CLINICO
Mujer de 34 años en seguimiento desde hace 27 meses por consumo de heroína y cocaína.
Su hermana está diagnosticada de trastorno límite de personalidad, tutelada por sus padres desde hace 3 años. Consumo perjudicial de alcohol del padre, con episodios de irritabilidad y enfrentamientos familiares en este contexto.
Abuso sustancias: Heroína: inicio hace 5 años. Primeros contactos con su pareja (fumada con cocaína). Cocaína: inicio a los 18 años, fumada y esnifada ocasionalmente. Cannabis: inicio a los 17 años, consumo esporádico. En abstinencia. Alcohol: inicio a los 16 años con aumento progresivo, en contexto lúdico. En abstinencia desde hace 6 años. Benzodiacepinas: llega a consumir en los últimos años hasta 7-8 mg de lorazepam/día.
Hace 7 años comienza con crisis de angustia y posteriormente rigidez del hemicuerpo derecho y dificultades de deambulación de varias horas de duración. El Servicio de Neurología descartó causa orgánica y se diagnosticó de Trastorno conversivo. Los opiáceos disminuían de forma significativa las crisis de angustia y la clínica conversiva. En los últimos 6 meses sintomatología depresiva debido al suicidio de la pareja por sobredosis de heroína.
Se realizan reajustes farmacológicos con el objetivo de la estabilización psicopatológica. La última crisis conversiva se produjo hace año y medio. Se introduce tratamiento con buprenorfina y se mantiene en abstinencia.
Se destacan dos factores: 1. El rol a lo largo de su vida de cuidadora como normalizador del ambiente familiar (primero con su hermana y posteriormente con su pareja). 2. El rol de enferma que termina adoptando (la ansiedad debuta a través de crisis de angustia y sintomatología conversiva y en vez de disuadir a la pareja del consumo, ella termina con un problema de adicción). Será clave trabajar el afrontamiento del duelo y el distanciamiento del estilo de vida y hábitos que mantenía con su pareja.
