La vida tras un suicidio frustrado

Según la OMS cerca de 800 000 personas al año se quitan la vida, y otras tantas intentan hacerlo. Siendo la segunda causa principal de defunción, entre las 15 y 29 años en todo el mundo, el suicidio es una tragedia que afecta a personas, familias, comunidades y países, teniendo efectos duraderos en los sobrevivientes.
Por otro lado, la vida tras un suicidio fallido es complicada y supone una gran angustia. Volver a enfrentarte a aquellos sentimientos, sensaciones, problemas y personas que ya creías haber dejado atrás, despierta sentimientos de ambivalentes. Primero el enfado, después la euforia para por último caer en la depresión y la angustia.
A través del caso clínico de un hombre de 45 años con un suicidio fallido tras precipitación, analizaremos y exploraremos la situación que lo llevo a ello, el afrontamiento posterior que hizo de su realidad y su respuesta a nuestras intervenciones psicoterapéuticas. También comentaremos la adquisición de herramientas de cambio que le permitieron continuar con su vida y como estas le ayudaron a poder realizar otro relato de la misma, poder buscar otras salidas y poder cerrar la herida que nunca creía cerraría. Tal como algunos autores señalan, una vez realizado su proyecto suicida pudo centrarse en otras cosas y continuar su vida.
