La fragilidad del trauma complejo: la importancia de la cautela en la exploración, síntomas y diagnóstico diferencial: a propósito de un caso.

El presente caso quiere mostrar la complejidad del abordaje del paciente con múltiples traumas así como su difícil diagnóstico diferencial y los síntomas tan floridos que pueden aparecer durante las revelaciones de experiencias de trauma.
Se trata de una mujer de 14 años que ingresa en unidad de agudos de adolescentes por descontrol de autolesiones en forma de cortes superficiales en antebrazos e ideación autolítica. En primeras valoraciones destaca una instalación marcada de ideas de muerte y escasa motivación para el abandono de autolesiones. Presenta un discurso de elevada rigidez, y con cierta literalidad en el discurso.
A nivel biográfico destaca en primeras valoraciones ser concebida vía ovodonación, habiendo sido descubierto meses antes del ingreso con elevado rechazo a figura materna. Desde primera infancia presentaba gran acoso escolar con situaciones de amenaza y agresiones físicas importantes.
Por su discurso literal, la rigidez con la que vive su situación y el contacto con cierta perplejidad se realiza despistaje diagnostico realizando test de screening de inteligencia K-bit, que puntúa medio-alto, así como se realiza un test ADOS-2 sin puntuar para trastorno de espectro autista (TEA).
Durante el ingreso se comienza a plantear la sospecha de abuso sexual por lo que se explora a nivel biográfico con entrenamiento previo en estrategias de regulación tales como “lugar seguro”, respiraciones o palabras clave para detener las sesiones. La paciente comienza a verbalizar múltiples experiencias de trauma desde primera infancia, verbalizando en reiteradas ocasiones experiencias de abuso sexual. Durante la exploración la paciente presenta síntomas de disociación en forma de revivencia del trauma, temor de ser dañada por personal sanitario así como presenta de forma intensa y con marcada repercusión conductual y afectiva síntomas psicóticos en forma de alucinaciones visuales y auditivas de diferentes personas que instigaron trauma en la paciente.
Tras ello, la evolución de la paciente fue tórpida, con intensas experiencias de alucinaciones auditivas con contenido que le instaba a autolesionarse. La paciente en contexto de desesperación y tras amenaza por la voz del abusador se autofractura a sí misma el 5 dedo de la mano, realizando esto en múltiples ocasiones durante el ingreso y buscándolo como efecto ansiolítico.
Progresivamente, el cuadro autolesivo se consigue manejar con contención farmacológicas y estrategias cognitivo conductuales. Destaca un discurso en el que plantea angustia por deseos de ser varón pero sin tener genital masculino como una huida de las posibles futuras experiencias traumáticas que asociaba a ser mujer y aseguraba que iban a repetirse.
Este caso muestra la dificultad de los pacientes con trauma complejo, la fragilidad en su exploración y la importancia de un abordaje y acercamiento a escenas traumáticas con extremo cuidado y, con formación previa, por los grandes riesgos de descompensación y retraumatización que pueden darse al hacerlo. Muestra el abanico tan complejo de síntomas que presentan destacando síntomas disociativos en forma de voces así como su complejidad diagnóstica siendo frecuente la sospecha de TEA, TDAH o trastono bipolar entre otros.
