La eclosión en el continuum paranoide: a propósito de un caso clínico

Presentamos el caso de una mujer de 41 años que ingresó de forma involuntaria en la Unidad de Hospitalización tras dos décadas del primer contacto con Salud Mental. El cuadro debutó en su juventud antes de la tercera década de vida, probablemente relacionado con el consumo de cannabis y unos rasgos de personalidad paranoides no bien documentados. Se objetivó clínica deliroide inicialmente, concluyendo, varios años después, con el diagnóstico de trastorno por ideas delirantes persistentes. Como es habitual en estos trastornos, el seguimiento y el cumplimiento terapéutico fue escaso, llegando a abandonar ambos.
A su llegada al hospital, la entrevista arroja sintomatología delirante con gran repercusión emocional, irritabilidad y hostilidad al trato, presencia de delirios de control (cámaras de videovigilancia en las habitaciones, micrófono alojado en un molar), autorreferenciales, persecutorios (una conspiración policial contra ella), delirios de contaminación y perjuicio (echaban pesticidas en su casa…) con gran impacto a nivel sociofamiliar con discusiones y acusaciones frecuentes, llegando incluso a romper relación con las hermanas porque las creía culpables del fallecimiento de su madre por causa oncológica.
Lo que hace particular este caso, es la evolución dinámica y progresiva condicionando su desconexión total de la realidad y aislamiento social y familiar, que posiblemente merezcan la consideración de un cuadro de parafrenia. La familia ha recibido respuestas y ayudas negativas, parciales o poco coordinadas, tras solicitar ayuda a servicios sanitarios y sociales. Ponemos de manifiesto, con el presente caso, la necesidad de proporcionar y garantizar una evaluación longitudinal del paciente psiquiátrico, ya que, en nuestra especialidad, existen diagnósticos que pueden evolucionar de forma grave como éste. Además, queremos poner énfasis en la comunicación y coordinación entre los médicos de familia, los especialistas en psiquiatría, servicios sociales y las fuerzas de seguridad, son indispensables en aras de control de la sintomatología y evitar así, en medida de lo posible, las consecuencias derivadas de esta.
