El último beso de la flakka. A propósito de un caso.

PRESENTACIÓN DEL CASO
Se expone un caso de un paciente de 46 años, divorciado y sin hijos. Es el menor de una fratría de tres. Vive con su madre, la cual padece enfermedad de Alzheimer. El padre falleció hace tres años tras un proceso oncológico. Trabajó como directivo en una empresa automovilística.
Antecedentes de seguimiento por salud mental desde 2014 por clínica ansioso-depresiva reactiva a estresores vitales (pérdida de empleo, divorcio) y por consumo de tóxicos. Se le diagnosticó de F15.1 Consumo perjudicial de otros estimulantes.
Mantuvo seguimiento en otra comunidad hasta 2019, cuando ingresó en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica por sintomatología psicótica en contexto de consumo por α-PVP.
En 2020 retomó seguimiento en el Centro de Salud Mental de referencia de su ciudad de origen donde se le diagnóstico de F15 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de otros estimulantes (incluyendo la cafeína). Mantuvo irregularmente tratamiento con escitalopram, olanzapina y pauta hipnótica.
EVOLUCIÓN Y TRATAMIENTO
En 2021 tuvo múltiples atenciones en urgencias por episodios de marcada agitación, heteroagresividad e intentos autolíticos en situación de consumo de α-PVP.
A mediados de 2021 fue atendido en Urgencias por defenestración. Presentaba marcada angustia interna con signos evidentes de intoxicación. Mantenía una actitud desafiante y querulante con sensación subjetiva de bienestar.
Fue intervenido quirúrgicamente y valorado por psiquiatría posteriormente. Se mostraba desorientado temporalmente no así en espacio ni autopsíquicamente. Mantenía un discurso fluente e informativo, describiendo vivencias sobrevaloradas de perjuicio sin objetivar otra sintomatología de la esfera psicótica ni alteraciones en la forma ni contenido del pensamiento. Fluctuaciones anímicas aparentemente reactivas al consumo de α-PVP. Reconocía consumo endovenoso habitual de la flakka cada dos semanas, contextualizando el gesto autolítico como un acto impulsivo dada la intensa angustia de vivencias de persecución tras el consumo. No se observaron conductas alucinatorias durante la valoración.
Recordaba los hechos acontecidos en las últimas 24-48h dentro del contexto de un estado de intoxicación por alfa PVP, realizando una adecuada crítica de lo ocurrido. Presentaba criterio de irrealidad de dichas percepciones, relatando vivencias parecidas en otras ocasiones.
Reconocía ideas pasivas de muerte, negando ideación autolítica, refiriendo clínica relacionada con situación de abatimiento emocional y claudicación familiar dentro de un posible síndrome del cuidador.
Tras el fracaso del abordaje a nivel ambulatorio se propusieron alternativas terapéuticas como el programa intensivo de hospital de día de drogodependencia en régimen de hospitalización parcial o completo. La adherencia fue escasa, las fugas del domicilio y abandono del tratamiento reiterantes y el consumo de flakka excesivo, hasta provocar la muerte del paciente tras nueva defenestración, en probable situación de consumo y vivencias de corte delirante.
CONCLUSIONES
El consumo de α-PVP ha ido aumentando los últimos años. Desde el punto de vista conductual puede facilitar la aparición de un cuadro de delirium agitado durante la intoxicación aguda, con comportamientos disruptivos, alucinaciones floridas, gestos autolíticos… Tenemos que esforzarnos por no quedarnos relegados a un segundo plano en el campo de las adicciones para poder asegurar una adecuada atención y prevención efectiva.
