Dolor y suicidio

La relación de la salud física y la enfermedad con el suicidio es significativa. La atención médica recibida previamente es un indicador que se relaciona en forma positiva con el riesgo de suicidio: el 32 % del total de las personas que se suicidan ha recibido atención médica dentro de los 6 meses anteriores a su muerte, y entre ello, el dolor tiene una gran importancia. No solo eso, el dolor puede ir asociado a enfermedades y que contribuyen tanto al suicidio como a las tentativas de suicidio por la falta de movilidad, entre otras cosas. Además el dolor crónico e intratable, puede producir , la pérdida de relaciones y la situación laboral del paciente, y con ello, más riesgo de suicidio.
Para el tratamiento dolor, no es posible destacar excesivamente que el tratamiento del dolor debe ser intensivo, a la vez que debe incluir múltiples modalidades terapéuticas. De hecho, un buen régimen analgésico puede requerir varios fármacos o uno solo administrado de diferentes maneras o por diferentes vías, por ejemplo, intravenosa, transdérmico, o bomba de infusión epidural. A pesar de todo, cuando los sistemas de analgesia son controlados por el paciente mediante administración intravenosa de opiáceos generan mejor control del dolor con menor cantidad del fármaco, que cuando este es administrado por el personal sanitario.
Los opiáceos se utilizan comúnmente para tratar el dolor moderado a severo. En la biografía, se ha encontrado que el riesgo de mortalidad por suicidio fue mayor entre las personas que reciben dosis de opiáceos alta.
Dentro de los factores de riesgo asociados específicamente con las características del dolor encontramos que la localización y el tipo de dolor, están implicados en el riesgo de suicidio. La intensidad y duración del dolor son factores de riesgo, mientras más tiempo se tenga dolor, mayor es el riesgo de la ideación suicida.
De todas maneras, hay que tratar de manera cooperadora el dolor con la patología psiquiátrica que presente el paciente, porque mejorando el estado de ansiedad y afectivo del paciente, posiblemente la capacidad para tolerar el dolor se puede ver aumentada. Cuando personas con dolor crónico reconocen intenciones suicidas, es fundamental adoptar de inmediato medidas para prevenir que se autolesionen, e iniciar un tratamiento para la probable depresión del paciente.
En conclusión, no hay que olvidar nunca el estado físico del paciente, y menos la sensación de dolor que presente, ya que son claros factores de riesgo de suicidio, pero un buen abordaje multidisciplinar, con un buen control de dolor, puede evitar suicidios consumados en muchos pacientes.
