Depresión y Trastorno del espectro autista. La importancia de la prevención de conductas suicidas.

Varón de 21 años con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista. Inicia seguimiento en Salud Mental con esta edad por aumento de sintomatología ansiosa en forma de intranquilidad y nerviosismo desde hace unos meses que relaciona con la presencia de pensamientos de carácter egodistónico de animales e insectos y de contenido peritanático. En las sucesivas entrevistas mantenidas con él, es difícil en ocasiones valorar estado de ánimo por la dificultad que observamos en expresión y comunicación de emociones, no obstante observamos en primer plano cuadro de ánimo bajo y apatía, tendencia a la clinofilia y marcada irritabilidad con labilidad emocional, abandono del autocuidado y gestos autolesivos, acudiendo a consulta en ocasiones con imágenes impresas y objetos de animales que contrarrestan, según refiere, los pensamientos de carácter egodistónico de “insectos”, y que relaciona con ideas tanáticas. Actualmente presenta diagnóstico de Trastorno depresivo y se encuentra en tratamiento con Sertralina y Risperidona, una vez iniciado observamos mejoría del cuadro clínico descrito.
DISCUSIÓN:
La depresión es el principal factor de riesgo para las conductas suicidas, y es además un elemento sobre el que se puede actuar desde el ámbito sanitario. El riesgo de suicidio en pacientes con trastornos afectivos se mantiene en un valor constante, en torno al 15%, confirmado a través de diversos estudios de seguimiento. En cuanto a los intentos de suicidio, las tasas encontradas en diferentes muestras de pacientes afectivos oscilan entre el 14% y el 50% para las depresiones unipolares. En lo referente a la ideación suicida, muchos autores coinciden en que la gran mayoría de las depresiones cursan con ella, y además supone un buen indicador de la intensidad de la enfermedad.
Las características principales del Trastorno del espectro autista (TEA) son el deterioro persistente de la comunicación social recíproca y la interacción socia, los patrones de conducta, intereses o actividades restrictivos y repetitivos son criterios que forman parte de la clasificación según DSM-5. La manifestación de síntomas depresivos se ve afectada debido a la limitación de la expresión emocional propia del trastorno, añadido a que también existe superposición y potenciación de síntomas entre el TEA y el cuadro depresivo. Así la disminución de intereses o el enlentecimiento psicomotor, expresiones sintomáticas que están en el paciente con TEA también lo pueden estar en el cuadro depresivo.
La variada comorbilidad que presentan los sujetos con TEA, plantea la necesidad de que los clínicos estemos alertas a presentaciones primarias de síntomas emocionales y conductuales que puedan emerger en estos pacientes. Una evaluación clínica amplia e integral del estado mental esta indicada para detectar de forma precoz una posible comorbilidad poniendo el foco en la interpretación de la sintomatología depresiva expresada en diversas manifestaciones conductuales y así poder prevenir conductas suicidas, tan importantes como aquellas presentes en otros trastornos mentales (Rev Chil Neuro-Psiquiat 2008; 46 (3): 199-206).
