A propósito de un caso: Dismorfofobia, rasgos anómalos de personalidad y consumo en patrón de dependencia a benzodiacepinas.

A propósito de un caso: Dismorfofobia, rasgos anómalos de personalidad y consumo en patrón de dependencia a benzodiacepinas.
Con el siguiente caso clínico queremos subrayar la vulnerabilidad y predisposición para desarrollar una adicción a benzodiacepinas en pacientes con rasgos anómalos de personalidad o trastornos de
del espectro obsesivo donde predomina la clínica ansiosa.
Varón de 39 años, reside en un pueblo de Sevilla en un ambiente rural, casado por segunda vez.
Dos hijos de su anterior matrimonio a los que ve cada dos fines de semana.
Estudios básicos no finalizados.
Pensionista por enfermedad mental.
Dos hermanos mayores que también realizan seguimiento en centro de atención a drogodependencias ambulatorio por consumo en patrón de dependencia o consumo perjudicial de alcohol, cocaína y heroína, además de tabaco.
Sus padres viven, madre sin historia de consumo de tóxicos, padre con consumo perjudicial de alcohol y tabaco.
Nivel socio-económico familiar bajo.
El paciente inicia contacto con el servicio de salud mental de zona a los 16 años, se le diagnosticó de dismorfofobia y se recogió un consumo de cannabis (2 ó 3 porros al día), inicialmente el paciente centraba la distorsión propia de esta entidad en su nariz, dos años más tarde tras intervenirse quirúrgicamente con cirugía plástica el cuadro se agrava sintomatológicamente, centrando su preocupación en una delgadez extrema que el paciente valoraba de sus piernas. Este hecho hizo que sufriera un retraimiento social pasando casi dos años sin apenas salir del domicilio, la clínica predominante en este periodo fue de corte ansioso con fenomenología de corte psicótico congruente en crisis (el paciente refería oír voces que situaba en el interior de su cabeza que le decían que era un nazi y tenía que acabar con los negros que venían a quitarle el trabajo). Se prescribieron benzodiacepinas, desarrollando rápidamente un patrón de consumo abusivo fuera de indicación de las mismas y posteriormente un consumo con patrón de dependencia.
Tras trabajo psicoterapéutico conductual de varios meses de duración en psicólogo privado mejoró la clínica del proceso dismorfóbico, y se normalizó la conducta del paciente, persistiendo la dependencia a benzodiacepinas y el consumo de cannabis. No mantiene más contacto con salud mental y 10 años después retoma el contacto con el centro de atención a drogodependencias dondé llegó consumiendo de 10 a 15 mg de clonazepam de media al día y dos o tres porros de cannabis diario, con graves alteraciones conductuales secundarias.
En la actualidad, tras psicoeducación y trabajo de registro y conductual el paciente ha conseguido limitar el consumo de benzodiacepinas y se mantiene ajustado a nivel conductual con xeplion 50 mg mensual y diazepam 20 mg al día. Mantiene también consumo de dos o tres porros de cannabis diario que el paciente tiene normalizado, rechazando por ahora intervención para ello.
