Intervención de la enfermera especialista de salud mental a familiares de pacientes con conducta suicida
Según la OMS, la conducta suicida es una condición clínica que se define como el desarrollo del pensamiento suicida, pudiendo llegar hasta el acto suicida consumado. El intento de suicidio es el concepto que designa aquel acto que busca la muerte propia y del cual se sobrevive. La conducta suicida no es una patología, sino que puede estar inscrita en una serie de enfermedades emocionales, siendo la principal el trastorno depresivo.
El intento de suicidio conlleva la aceptación de la enfermedad depresiva tanto por parte del paciente como del familiar, produciéndose un cambio que genera aspectos estigmatizadores. El estigma aumenta el sufrimiento individual y familiar, dificulta el uso oportuno de los servicios de salud y la evolución del proceso.
INTERVENCIÓN ENFERMERA:
Debemos permitirles expresar sus penas y emociones. El duelo por una persona que se ha suicidado o que comete un intento autolítico, va acompañado de sentimientos de culpa, búsqueda del por qué, el vivirlo como una mancha en la familia y otras muchas emociones.
– ACEPTAR SU PROPIA REACCIÓN: Puede sentir miedo o preferir ignorar la situación. Si le está costando dominarse, solicite la ayuda de alguien de confianza.
– CUIDARSE A SÍ MISMO: Es difícil y emocionalmente agotador apoyar a alguien que piensa en suicidarse. Encuentre a alguien con quien hablar.
– MANTENERSE INVOLUCRADO: La continua preocupación de la familia y amigos es importante para la recuperación de la persona. Manténgase atento a la evolución de la persona.
Entre otras cosas, puede colaborar realizando estas acciones:
Reducir el riesgo en el hogar.
Trabajar en las fortalezas de su familiar para incentivarlo.
Favorecer la comunicación y el respeto con su familiar.
Ayudar a tomar decisiones y contribuir a que su familiar no las tome precipitadamente.
No infravalorar a la persona.
CONCLUSIÓN:
La familia juega un papel esencial como agente terapéutico en la rehabilitación y prevención de recaídas. A menudo sus miembros no están preparados, produciéndose sobrecarga, desembocándose en ocasiones en trastornos para ellos.
Los profesionales de enfermería deben desmitificar conceptos y orientar a la familia para la recuperación de dicha persona.
Tras el intento suicida, en los seis primeros meses aumenta el riesgo de recaída, por eso es muy importante que la enfermera no sólo dé apoyo emocional, sino que oriente a los familiares ante los signos de alarma y acciones para la prevención.
BIBLIOGRAFÍA:
FEAFES (Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental). Afrontando la Realidad del suicidio (Guía para pacientes). Disponible en http://www.feafes.com
Pérez Barrero, SA. El suicidio, comportamiento y prevención. Santiago de Cuba: Ed. Oriente, 1996
Montañéz, C. G., Morales, M. L. C., Araque, J. C., Cala, O. X., Hernández, B. S., Jiménez, M. N., … & Sierra, S. M. (2011). Efectividad de la funcionalidad familiar de persona que ha intentado suicidarse. Salud UIS, 43(1), 33-37
