Atrincherado en mi habitación
Paciente de 69 años que es remitido al hospital tras haber sido hallado por los bomberos en el dormitorio de su propio domicilio, obnubilado, blandiendo un cuchillo en sus manos y rodeado por un charco de sangre.
Se trata de un paciente con antecedentes de consumo de alcohol (3-4 UBEs /día), si bien refiere que se encontraba en periodo de abstinencia desde hacía más de 6 meses. Entre sus antecedentes psiquiátricos consta un ingreso en la Unidad de Agudos de dicho hospital tras otro intento autolítico unos 15 años antes mediante venoclisis en cuello; no obstante en dicha ocasión sucedió en el contexto de problemática económica (sin haber ningún otro factor desencadenante más). Asimismo también reconoce otro intento autolítico previo mediante venoclisis, pero en esta ocasión fue mediante cortes en cara anterior de muñecas (asociándolo también a que sucediera en el contexto de decaimiento anímico). Consta un diagnóstico previo de Trastorno esquizoafectivo.
Entre los antecedentes familiares referidos cabe destacar un suicidio consumado en familiar de segundo grado por vía materna (tío).
Al parecer, tras el alta del último ingreso en una unidad hospitalaria de agudos (unos 6 meses antes de este intento de suicidio), el paciente no mantuvo seguimiento psiquiátrico ambulatorio, sospechándose además una toma errática del tto psicofarmacológico pautado en dicha alta. Según consta en la historia, su propio médico de atención primaria ya anotó sus sospechas de que hubiera abandonado el tratamiento antipsicótico de paliperidona. Además, tanto los profesionales como los propios familiares del paciente creen que éste se hubiera mantenido inconstante en la toma del litio y la quetiapina que tenía pautados.
Es en dicho contexto que sus familiares más directos habían observado una sutil alteración en su conducta, que fue incrementándose en frecuencia e intensidad, hasta eclosionar el día de los hechos a través del intento de suicidio.
El paciente tenía la convicción plena de que en su barrio había una banda de atracadores, con la certeza delirante de que éstos querían agredirle o incluso matarle “de una forma cruel y violenta”. Es por ello que él no había salido de casa los últimos 3 días, se mostraba hipervigilante, con un miedo intenso a ser asesinado y realizado ingestas mínimas (no salía incluso ni de su habitación ni para alimentarse; únicamente para miccionar). Durante estos últimos días se mantuvo insomne. Asimismo reconoce alucinaciones auditivas muy frecuentes “hablaban de mí los agresores, yo los oía desde mi habitación… ellos estaban en el entorno de mi casa…” e interpretaciones delirantes “les oía manipulando las cerraduras”.
Finalmente, sus familiares directos avisaron a los recursos pertinentes (ambulancia y bomberos), quienes pudieron entrar en el domicilio donde él estaba atrincherado. Allí lo descubrieron yaciendo en el suelo con un profundo corte en el cuello. Reconoce que había intentado quitarse la vida, fruto de la enorme angustia que
