Suicidio con garantías de letalidad. Revisión de dos casos.

INTRODUCCIÓN: Los suicidios se pueden clasificar en función del método en: violentos o activos y no violentos o pasivos. Ejemplos de los primeros serían: ahorcamiento, precipitación o arma de fuego; y de los segundos las intoxicaciones por gases, drogas o venenos (1). Los suicidios violentos o activos guardan mayor relación con la impulsividad, siendo indicadores objetivos de la intención letal (2); sin embargo en ocasiones la planificación del suicidio violento garantiza que el fracaso de la tentativa sea casi nulo. A continuación se describen dos casos de suicidios violentos planificados de elevada letalidad, no constando tentativas autolíticas previas en los fallecidos.
CASO 1: se trataba de un hombre de 42 años sin antecedentes psiquiátricos. Unos días antes había sido denunciado por su mujer por una supuesta agresión sexual. El cadáver apareció suspendido por el cuello con una cuerda sujeta a una viga del alero del balcón de su casa. Como peculiaridad se observó que las muñecas estaban unidas por una cuerda que pasaba por debajo de la entrepierna. En su habitación, aparecieron gran cantidad de papeles escritos dedicados a miembros de su familia. El cadáver presentaba un surco en el cuello y equimosis puntiformes en ambos ojos.
CASO 2: se trataba de un hombre de 53 años de edad con antecedentes de múltiples ingresos psiquiátricos, estando diagnosticado de esquizofrenia residual. En los días anteriores al fallecimiento había sufrido una fractura de peroné, indicándose su recuperación en un hospital psiquiátrico. El fallecido apareció sobre su cama hospitalaria, la cual tenía el respaldo ligeramente reclinado hacia delante. El cable eléctrico que moviliza la cama articulada daba varias vueltas al cuello, se extendía hasta el pie de cama y daba otro par de vueltas hasta el motor situado debajo del cabezal. Rodeando también el cuello se encuentra el cordón del mando de control de la cama. Todos los cables estaban a tensión, lo que producía una comprensión sobre el cuello. El cadáver presentaba un surco en el cuello, congestión cérvico-facial e infiltrado petequial conjuntival bilateral.
En ambos casos tras la autopsia se concluyó que la causa de la muerte fue asfixia por ahorcadura, no detectándose niveles de alcohol ni de otras drogas.
CONCLUSIONES: Pese a la impulsividad que se asocia a los suicidios violentos, en los casos presentados se objetiva una laboriosa planificación del método escogido, donde las garantías de letalidad fueron extremadamente elevadas. En el caso 1, el suicida se anudó sus manos a través de la entrepierna, lo que anularía cualquiera posibilidad de acto instintivo de supervivencia con sus manos. En el caso 2, el fallecido diseñó un entramado a tensión con el cable eléctrico que anulaba cualquier posibilidad de este de zafarse. La investigación médico-legal completa permitió concluir en ambos casos que la etiología médico-legal fue la suicida.
