¿Enfermedad mental o malestar social?

Mujer de 46 años de edad, remitida desde el Servicio de Observación de Medicina Interna, donde ha sido atendida por sobreingesta farmacológica.
Como antecedentes somáticos constan:
Hipotiroidismo
Asma extrínseco
Migraña
Intolerancia a la lactosa
No reacciones adversas medicamentosas conocidas
Refiere antecedente de seguimiento psicológico en una Unidad de Salud Mental Comunitaria varios meses en 2012, que abandona por mal vínculo y por la percepción subjetiva de la incapacidad del mismo para satisfacer su demanda.
Antecedente de ingestas medicamentosas previas en 2006 y 2012.
Convive con sus dos hijos de 21 y 14 años respectivamente. Divorciada hace algo más de un año con sentencia de violencia de género. En la actualidad ha retomado relación sentimental con exmarido, quien se encuentra gravemente enfermo.
Desempeña actividad laboral como empleada del hogar.
Acude acompañada de su hermana y justifica la sobreingesta como reactiva a situación vital adversa (conflictiva con los hijos, economía precaria, enfermedad de la pareja) y ante vivencias de desbordamiento, como única salida factible a tales circunstancias. Es su hermana quien al recibir un mensaje de móvil de despedida alerta a los Servicios de Emergencias.
A la exploración se muestra consciente, orientada, abordable y colaboradora. Angustiada y llorosa. Mantiene un discurso coherente, lógico y entrecortado por el llanto, centrado en circunstancias de vida. En la esfera afectiva destaca ánimo hipotímico reactivo, con gran desgaste emocional, desesperanza, apatía, sentimientos de incapacidad, de impotencia, de rabia y de culpa. Comenta hiporexia e insomnio pertinaz.
En cuanto al gesto autolítico se muestra ambivalente, manteniendo las ideas de muerte que expresa en forma de fantasía de escape.
Se objetivan en consulta rasgos de personalidad desadaptativos en los que predominan la impulsividad, la hipersensibilidad a la crítica, la dificultad para el afrontamiento de situaciones de estrés y la dependencia.
En cuanto al caso presentado podría pensarse como un caso de personalidad borderline más. Si bien, teniendo como referencia el marco socioeconómico en el que nos encontramos, desfavorable en general, y la cada vez más presente “inmediatez” que envuelve la vida, cabe valorar una acentuación de los rasgos de personalidad que tiene como resultado la utilización de unos recursos de afrontamiento infructuosos y dañinos, sin que esto constituya un diagnóstico nosológico en sí mismo.
Es cada vez más frecuente encontrar este patrón de paciente en nuestras consultas, constituyendo un volumen de alrededor del 70% en las urgencias de Salud Mental.
Por otro lado conforman un grupo con poca cabida en la red pública actual, al no considerarse, como se viene adelantando, una entidad nosológica propiamente dicha y dada la presión asistencial con la que normalmente cuentan las Unidades de Salud Mental Comunitaria.
Con todo, parece importante considerar esta nueva perspectiva clínica y favorecer un espacio p
