Antipsicóticos a dosis bajas como tratamiento de la angustia psicótica.

La esquizofrenia es una enfermedad crónica que afecta al 1% de la población. Es muy frecuente que los pacientes que padecen síntomas psicóticos sufran de angustia psicótica e inquietud psicomotriz, que en muchos casos es psicofarmacológicamente tratada mediante la administración de benzodiacepinas de acción corta, lo que puede llevar a una sobremedicación o abuso constante de las mismas. Por ello, nos planteamos el uso de antipsicóticos a dosis bajas para controlar los episodios de angustia psicótica a lo largo del día.
Presentamos a una mujer de 22 años, soltera y sin hijos. Es la mayor de dos hermanas. Padres vivos, en situación de divorcio emocional. No presenta antecedentes personales somáticos. Como antecedentes psiquiátricos familiares: dos tías paternas diagnosticadas de esquizofrenia paranoide, una de ellas con retraso intelectual; madre sin diagnóstico claro, pero se mueve en el espectro neurótico. Embarazo y parto normales, adquisición normal de los ítems del desarrollo. Mala estudiante. A los 16 años sufre el primer episodio psicótico, que se manifiesta con gran angustia psicótica y elevada productividad: delirios mágicos y de perjuicio con gran repercusión afectivo conductual. Se inicia tratamiento con Risperidona 6mg/día, sin mejoría clínica por lo que al mes se cambia a Paliperidona 9mg/día, cediendo la sintomatología psicótica. Durante los siguientes dos años la evolución de la paciente ha sido hacia el aislamiento social, con abandono del autocuidado y de las rutinas diarias, y un consumo perjudicial de sustancias de hasta 2 litros de cola al día y 40 cigarros/día; en este período se han barajado los diagnósticos de Esquizofrenia Paranoide, Esquizofrenia desorganizada y Trastorno Bipolar. Es derivada a un Programa de Primeros Episodios Psicóticos, con buena adherencia y desde el cual se trabaja la reorganización vital de la paciente y ésta comienza de nuevo a estudiar 4º ESO, hasta que por dificultades cognitivas y boicot constante de la familia, abandona seguimiento y estudios, volviendo a pasar los días en casa, donde se producen situaciones de alta emoción expresada. Por ligera somnolencia se le cambia el tratamiento a Aripiprazol 15mg/día. La paciente es derivada a una Comunidad Terapéutica, donde a pesar de reducir el consumo perjudicial de sustancias, se evidencian episodios de intensa angustia con alteraciones sensoperceptivas que se acompañan de insomnio de primera y segunda fase, por lo que se añade al tratamiento Asenapina 5mg/día; a partir de ahí se evidencia una importante mejora clínica de la paciente, habiendo cedido los episodios de angustia y la sintomatología psicótica, asociándose a la regularización del ritmo vigilia-sueño.
Conclusiones: La asociación, a bajas dosis, de Aripiprazol y Asenapina, cuando no se obtiene la mejoría esperada con la primera, es una opción farmacológica que permite la estabilización clínica del paciente y el cese de la sintomatología positiva sin aumento de efectos secundarios.
