Cannabis y psicosis. La importancia del diagnóstico

Paciente varón de 23 años de edad, soltero, padre de un hijo de 4 años de edad. Convive con sus padres. Inactivo laboralmente en la actualidad.
Acude a urgencias del hospital trasladado con contención mecánica y farmacológica desde su localidad para valoración psiquiátrica. Durante la entrevista el paciente se muestra inabordable, amenazante, afirmando respecto al personal sanitario que quieren matarle. Los padres explican que el paciente ha estado adecuado hasta 4-5 días antes del ingreso, que comienza a mostrarse suspicaz, retraído, irritable, llegando a la heteroagresividad verbal y física contra objetos, sin dormir, muy inquieto, por momentos angustiado y lloroso. El día del ingreso rompe una puerta de casa, momento en el que se solicita valoración médica.
Al inicio del ingreso se pauta medicación inyectable por negativa del paciente a medicarse, pudiendo llegarse posteriormente a un acuerdo, por lo que se inicia medicación con antipsicótico oral. En las entrevistas se muestra abordable, aunque escasamente colaborador, con un ánimo oscilante entre la hipertimia y la disforia, tendencia a la suspicacia, llegando en ocasiones a expresar ideación delirante de perjuicio.
Existen episodios alucinatorios, en los que se muestra perplejo y angustiado en relación a los contenidos que le refieren las voces. La remisión parcial de la sintomatología permite ensayar un permiso domiciliario, del que regresa anticipadamente. En ese momento, el paciente se muestra angustiado, lloroso, se objetiva un enlentecimiento psicomotor, aumento de latencia de respuesta, describiendo sensaciones de malestar, incluso llega a verbalizar a su padre ideación autolítica. Tras unos días de tratamiento inyectable pautado, en el que disminuye la angustia y sus conductas se van adecuando, se procede a un cambio de tratamiento psicofarmacológico, cambiando el antipsicótico e introduciendo un estabilizador del ánimo.
Los datos aportados por la familia apuntan a la existencia de episodios depresivos desde hace años, en los que descuida el aseo, tiende a encamarse, además de los episodios maniacos que han motivado los ingresos psiquiátricos. Esta información, así como la persistencia de la sintomatología más allá del consumo de tóxicos, hace pensar en el diagnostico de Trastorno Afectivo Bipolar, por lo que se orienta el caso y el tratamiento en ese sentido.
Diagnóstico diferencial: Intoxicación aguda por cannabis, Psicosis tóxica, Esquizofrenia, Trastorno Afectivo Bipolar.
Juicio Clínico: Trastorno Afectivo Bipolar.
Conclusiones: Ante la evolución tórpida del caso es necesario replantearse el diagnóstico, y por tanto el tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico, siendo imprescindible para ello una historia clínica detallada, completando tanto como sea posible la psicobiografia del sujeto.
