Conductas suicidas y antidepresivos, a propósito de un caso.

Paciente de 31 años de edad, que ingresa de forma urgente en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental por ideación autolítica estructurada con alto riesgo.
Se trata de un paciente sin antecedentes previos en Salud Mental. Desde hace aproximadamente unos dos meses comienza a presentar hipotimia, ansiedad flotante, anhedonia, pérdida de interés por actividades ocupacionales y de ocio, así como alteración en apetito. Describe acontecimientos estresantes como desencadenantes. Desde hace unas dos semanas inicia tratamiento con ISRS (Fluoxetina 20mg/24h), prescrito desde Atención Primaria, que orienta la clínica como Trastorno adaptativo. Acude a Urgencias traído por la familia tras realizar ingesta medicamentosa voluntaria grave, sin previsión ni provisión de rescate. Durante la atención en urgencias se decide su ingreso en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental ya que el paciente continúa verbalizando ideación autolítica, así como no hay arrepentimiento del intento de autolisis.
Durante el ingreso se añade al tratamiento farmacológico benzodiazepinas en dosis media. El paciente refiere que, en relación a las oscilaciones anímicas y a los acontecimientos vitales de estrés, había presentado ideas pasivas de muerte y cierta desesperanza, pero que es tras iniciar el tratamiento antidepresivo cuando estas ideas se hacen más presentes y aparecen más en primer plano, llevando al paso al acto. Tras una semana de ingreso en el cual se realizan intervenciones psicoterapéuticas de contención y apoyo, se objetiva mejoría clínica, el paciente hace crítica del intento de autolisis y verbaliza deseos de mejoría.
DISCUSIÓN
Las tasas de suicidio y de conductas autolesivas aumentan en gran medida en personas con depresión, por lo que la reducción de estos riesgos es una consideración importante cuando se trata a estos pacientes. Paradójicamente, aunque se ha demostrado que los antidepresivos son efectivos para reducir los síntomas de la depresión, existe la preocupación de que las tasas de suicidio y autolesiones en realidad aumenten con el tratamiento, particularmente en personas más jóvenes. Tras hacer una revisión sobre este riesgo, encontramos que la asociación del uso de antidepresivos con el suicidio es circunstancial y que no se han realizado ensayos clínicos rigurosos en pacientes deprimidos para confirmar la asociación. Sin embargo, la mayoría de los estudios realizados afirman que por la práctica clínica sí que existe una asociación. Los hallazgos indican que hay aumento de las tasas de conductas autolíticas en los primeros veintiocho días de inicio del tratamiento y tras la suspensión del mismo. Por tanto, se aconseja una monitorización cuidadosa de los pacientes durante estos períodos, así como consideramos que es fundamental informar al paciente y la familia de estos posibles efectos.
Nos parece importante poder identificar los factores de riesgo de forma que se puedan desarrollar estrategias de prevención y modelos de intervención, con el objetivo de mejorar la asistencia y de apoyar a los médicos de atención primaria, de urgencias y profesionales de salud mental.
