Aplicando la terapia de esquemas en un caso de depresión refractaria

Desde que Young desarrollara el modelo de terapia de esquemas para trastornos de personalidad en 1990, numerosos estudios han demostrado su eficacia. En los últimos años, se ha demostrado también su eficacia para otros trastornos como el trastorno de estrés postraumático, trastorno de la conducta alimentaria, trastornos obsesivo compulsivo complejos y depresión persistente (Dadomo y cols., 2017). Respecto a la depresión refractaria, se ha evidenciado que puede ser especialmente eficaz cuando la remisión no es completa y cuando no responde a otras terapias psicológicas y al tratamiento farmacológico (Renner y cols., 2016). Se presenta así el caso de una mujer de 32 años con diagnóstico de depresión crónica, con múltiples tratamientos psicológicos y farmacológicos realizados en los últimos 7 años, sin llegar a una remisión completa de sus síntomas (hipotimia, apatía, ansiedad basal, rumiaciones frecuentes, baja autoestima, tendencia al derrotismo…). En octubre de 2017, cuando la paciente llegó de nuevo a consulta de psicología tenía pautado venlafaxina 150 mg/día. Aunque mantenía cierta estabilidad anímica, persistían algunos síntomas. En esta ocasión, se valoró la posibilidad de aplicar el modelo de terapia de esquemas en forma de visitas individuales. Se administró al inicio de la terapia el Cuestionario de Esquemas de Young para detectar sus principales esquemas, predominando los esquemas incondicionales de aislamiento social, negativismo y de abandono e inestabilidad, y el esquema condicional (desarrollado como esfuerzo para aligerar los esquemas incondicionales) de hipercriticismo. Al mes de empezar la terapia psicológica, la paciente se quedó embarazada, motivo por el cual se le retiró la medicación. Esta circunstancia, acentuó algunos de sus esquemas, aumentando sus temores y su inseguridad por el nuevo rol. Durante las sesiones, se realizó psicoeducación del modelo ayudando a que la paciente identificase con mayor facilidad cuando éstos se activaban y a contextualizarlos dentro de su biografía. Se cuestionaron sus esquemas principales y se buscaron interpretaciones alternativas. Se potenció un buen vínculo terapéutico permitiendo el uso de la confrontación empática. A lo largo del proceso terapéutico, la paciente pudo aprender a detectar cuando se activaban sus esquemas y empezó a cuestionar la veracidad de éstos de forma autónoma. Se le acompañó también en el proceso de adaptarse al nuevo rol. Pese a seguir aún en el proceso terapéutico, intentando construir su vida y actuando pese a la activación de estos esquemas, la paciente ha mejorado su estado de ánimo, teniendo un mayor conocimiento de si misma y de su forma de actuar, mejorando levemente su autoestima y su tendencia al pesimismo y a la rumiación, persistiendo todavía cierta labilidad y ciertos momentos de aumento de las rumiaciones. Por tanto, como ya se empieza a encontrar en investigaciones recientes, la terapia de esquemas puede ser eficaz en casos de pacientes con depresión persistente que no acaba de responder a otras terapias más convencionales, ayudando a modificar patrones de pensamiento y conducta que son los responsables de que los síntomas depresivos se perpetúen a lo largo del tiempo.
