Una grave enfermedad mental llamada Anorexia Nerviosa; ¿Dónde están los recursos para tratarla?

INTRODUCCIÓN
La anorexia nerviosa es un trastorno mental grave de origen multicausal que se caracteriza por la búsqueda activa de una bajada de peso, a pesar de que éste, sea el adecuado para la edad y altura del individuo, debido al miedo intenso a ganar peso y a la presencia de alteraciones en la percepción de la imagen corporal (Perpiñá, 1999). A nivel conductual se manifiesta con restricción alimentaria (total o parcial), conductas compensatorias para seguir reduciendo el peso (hiperactividad, uso de laxantes y diuréticos) y en ocasiones, atracones y vómitos autoprovocados como forma de reducir la ansiedad y la culpa que supone haber realizado una ingesta.
Los datos epidemiológicos de los trastornos alimentarios indican una prevalencia de entre el 1 y el 10%, afectando en mayor medida al género femenino (10:1 frente a los varones) y tratándose de una de las 10 causas más frecuentes de incapacidad en mujeres de entre 15-19 años (Erskine, Whiteford y Pike, 2016; Tasca, 2018). En concreto la anorexia nerviosa posee los índices de cronicidad y de mortalidad, aproximadamente del 5,6% por década, los más altos de todos los trastornos psiquiátricos en países desarrollados. La desnutrición en la que con frecuencia derivan estos trastornos lleva a un deterioro físico y a complicaciones médicas derivadas, que pueden desembocar en la muerte (Perpiñá, 2015).
OBJETIVO
El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre la escasez de recursos ante un trastorno mental que puede llevar a la muerte, analizando el caso de una chica de 20 años diagnosticada de anorexia nerviosa restrictiva grave que falleció por dicha enfermedad. Durante los 5 años de evolución fue atendida en diferentes dispositivos donde su tratamiento se basaba en la recuperación del estado físico y una atención psicológica de baja frecuencia (en su zona geográfica no existían recursos adecuados a su gravedad sintomática), hasta llegar a nuestro recurso especializado.
La paciente venía con bajo peso extremo (IMC de 12), buena conciencia de enfermedad y actitud colaboradora; a destacar el nivel elevado de pensamiento obsesivo en torno al cuerpo y la comida, alta rumiación cognitiva de pensamiento negativo, con tristeza, desesperanza, anhedonia, e ideación autolítica no estructurada. El tratamiento se prolongó durante 7 meses en nuestra Unidad de 24 horas. El trabajo multidisciplinar, realizado desde una perspectiva holística, abordó varias áreas: nutricional, psiquiátrica, psicológica y médica; que llevaron a la paciente a una mejora destacable. Solicitó el alta voluntaria a pesar de no haber terminado el tratamiento, por no poder sostener los costes económicos y sabiendo que en su lugar de origen no existían recursos especializados al respecto. A los 6 meses de alta, un familiar se puso en contacto con nosotros para comunicarnos el fallecimiento de la paciente, nos referían cómo se había ido deteriorando de forma progresiva tanto física como psicológicamente sin un recurso clínico que pudiera darle sostén.
