Esquizofrenia y consumo de cocaína

En los últimos años se ha producido un aumento del consumo de cocaína, no sólo en la población general, sino también en pacientes con esquizofrenia. Se estima que éstos, presentan un consumo de estimulantes cuatro veces mayor, siendo la cocaína la más frecuente.
Los psicoestimulantes, aumentan la disponibilidad de la dopamina extracelular, lo que puede desencadenar una psicosis o empeorar una existente, según la hipótesis dopaminérgica de la psicosis. El sistema dopaminérgico mesocorticolímbico está implicado en las psicosis y las conductas adictivas, constituyendo una base neurobiológica común para el desarrollo de ambos trastornos.
Caso Clínico
Varón de 36 años de edad, que acude trasladado en ambulancia, por alteraciones conductuales en el domicilio familiar.
Entre los antecedentes personales, no constan alergias medicamentosas ni enfermedades somáticas de interés. Antecedentes de consumo de cocaína (esnifada e inhalada) desde hace más de 10 años, y en seguimiento en centro de tratamiento de adicciones. Disminución del consumo en los últimos años, refiriendo consumos esporádicos. Antecedentes de seguimiento en psiquiatría desde hace 15 años, con orientación diagnóstica de Esquizofrenia paranoide. Varios ingresos hospitalarios por descompensaciones psicopatológicas y consumo de tóxicos.
Es el menor de dos hermanos. Soltero. Convive con sus padres.
Enfermedad Actual
El paciente es trasladado en ambulancia por alteraciones conductuales en domicilio familiar. Fue precisa la intervención de las FFOOPP. A su llegada, poco colaborador, actitud hostil y retadora hacia el personal sanitario, siendo la familia la principal informadora de la situación.
La madre refiere aumento del consumo de cocaína en el último mes, y más acusado en la última semana. En este contexto, relatan episodios de alteraciones conductuales en domicilio, protagonizando episodios de heteroagresividad hacia objetos y familiares, con difícil contención a nivel ambulatorio.
A la exploración, consciente, orientado, escasamente abordable y poco colaborador. Inquietud psicomotriz, sin llegar a estado de agitación, siendo necesario contención verbal y tratamiento farmacológico vía oral. Discurso fluido, centrado en consumo de tóxicos e ideación delirante de perjuicio. Niega pseudoalucinaciones auditivas, si bien no es posible descartarlas. Soliloquios. No alteraciones mayores en el estado de ánimo. Aumento de ansiedad reactiva a craving. Alteraciones de conducta y episodios de heteroagresividad. Niega ideación autolítica. Abandono de tratamiento psicofarmacológico y de autocuidados. Insomnio global. Consumo perjudicial de tóxicos. Escasa conciencia de enfermedad.
Pruebas complementarias (hemograma bioquímica general) normales. Tóxicos en orina, positivo a cocaína.
Ingresa en unidad de hospitalización, con evolución favorable, remitiendo alteraciones de conducta y clínica delirante, con reintroducción del tratamiento psicofarmacológico. Dada la dificultades para la adherencia terapéutica se decide instauración de tratamiento antipsicótico inyectable de larga duración (ILD) con aripiprazol 400mg/28d . Es dado de alta constando como orientaciones diagnósticas: Esquizofrenia paranoide (F20.1) y Consumo perjudicial de cocaína (F14.1).
CONCLUSIONES:
El consumo de sustancias ensombrece el curso y el pronóstico del trastorno mental, ocasionando un aumento del número de reagudizaciones y hospitalizaciones. La falta de adherencia al tratamiento es un importante factor de riesgo de recaídas y rehospitalizaciones por lo que los antipsicóticos atípicos inyectables de larga duración, constituyen una buena alternativa terapéutica.
