La obsesión suicida

Se presenta el caso de un niño de 11 años, diagnosticado de TOC que acude a urgencias muy descompensado de su psicopatología de base con intensa angustia tras haber sido encontrado por familiares con los pies fuera del marco de la ventana.
El TOC es un trastorno mental grave, prevalente y frecuentemente debilitante de forma crónica. Las investigaciones sugieren que hasta el 50% de todos los casos comienzan en la niñez y adolescencia. Desafortunadamente, algunos niños con TOC experimentan pensamientos intrusivos de que deberían suicidarse: “¿y si saltara por la ventana?”. Muchos de estos niños que tienen obsesiones sobre el suicidio o sobre hacerse daño son diagnosticados erróneamente como depresión suicida. Es importante reconocer que estos niños no se sienten atraídos por el suicidio, al contrario, lo temen, estos pensamientos los perturban y quieren que se vayan. Habitualmente los niños con estos pensamientos se los comunican a sus padres, les confiesan sus fantasías suicidas y les piden que se aseguren de que no les pase nada. Sin embargo, es de radical importancia disminuir el grado de angustia generado por el TOC ya que cuando los niños y adolescentes tienen pensamientos o fantasías suicidas, generalmente son el resultado de un ánimo deprimido y una gran angustia y el suicidio les atrae como forma de acabar con el sufrimiento. La repercusión a nivel afectivo del TOC sintomático puede generar una ideación autolítica secundaria. De ahí, la importancia de que el clínico sepa reconocer si las ideas de muerte que presenta el niño se trata de una fobia de impulsión o es una ideación suicida en el contexto de un proceso ansioso – depresivo secundario al TOC. Cuando confundimos estos tipos de pensamientos intrusivos del TOC con una tendencia suicida real, el malentendido puede incluso empeorar el TOC del niño, ya que ante la confusión se darán indicaciones como la de acompañar al menor de forma continua o retirar objetos potencialmente autolesivos de su alcance lo que en realidad sólo servirán para reforzar la preocupación del niño de lastimarse a sí mismo. Esto podría llevarles a conductas evitativas. Además, el hecho de responder al niño continuamente que está a salvo puede igualmente actuar como arma de doble filo, ya que este tipo de validación puede convertirse en una compulsión. La validación refuerza los temores. A los niños se les enseña mediante la terapia cognitivo – conductual a responder al TOC en vez de evitarlo o de pedir la validación reiterada y con el tiempo los miedos disminuyen. Por otro lado, a nivel farmacológico el tratamiento de elección son los ISRS, en concreto la Sertralina. Existe la preocupación de que los ISRS y otros antidepresivos pueden aumentar el riesgo de ideas y comportamientos suicidas en menores de 25 años, particularmente al inicio de la terapia o en el momento de cambio de dosis. Sin embargo, al disminuir con el tratamiento la angustia y los pensamientos obsesivoides disminuyen generalmente las fobias de impulsión, lo que conduce poco a poco a la mejoría clínica.
