Traumatización en la infancia. A propósito de un caso.

INTRODUCCIÓN: El “Trauma Complejo” es la consecuencia de la exposición a situaciones amenazantes para la integridad individual como la negligencia, maltrato y/o abuso que pueden generar efectos perjudiciales en la construcción de la identidad y personalidad, regulación de afectos e impulsos, memoria y atención, relaciones interpersonales y sistema de significados. Los procesos de traumatización entrañan una gran complejidad y son múltiples los factores que mantienen el daño. Requieren un abordaje integral desde la perspectiva: psicobiológica, relacional y social.
RESUMEN: Paciente de 14 años que ingresa por autolesiones e ideas auto/heterolíticas con agresividad manifiesta. Entre sus antecedentes destaca una crianza marcada por la violencia, las drogas, la prostitución y los urtos, carentes de afecto, estructuración y estabilidad emocional, en una situación extrema de exclusión social. Su madre ejercía la prostitución de forma sistemática en presencia de sus hijos y su padre los maltrataba física y psicológicamente y abusaba sexualmente de la paciente. La obligaban a consumir y a robar. La paciente se hacía cargo de sus hermanos ejerciendo un rol de madre, sin haber transitado la infancia. Pedía limosna y buscaba comida en la basura. A los 7años fue llevada a un hogar. Dos años después fue adoptada junto a sus hermanos. Su familia adoptiva lejos de facilitar la escucha y proporcionar el sostén necesario para vincularse la rechazaban, marcaban diferencias con sus hermanos y los fueron distanciando. La paciente comenzó a sentir rabia y frustración, tristeza e impotencia que externalizaba a través de la ira y la violencia hacia sí misma. Se autoagredía cortándose los brazos, arrancándose el pelo, las uñas, abandonó sus autocuidados, dejó de alimentarse, y tomó una posición de autodestrucción… fue empeorando y las autolesiones dejaron de ser suficiente para canalizar el malestar interno y comenzó a verbalizar deseos de heterolesión hacia familiares. Éstos respondieron encerrándola en el comedor durante 6 meses. La situación se volvió insostenible, acudieron a urgencias y quedó hospitalizada. Durante el ingreso, se pusieron de manifiesto las dificultades que habían impedido el vínculo entre la paciente y su madre adoptiva. La paciente mostraba continuamente ambivalencia respecto al rol de hija que debía ocupar al tiempo que la madre adoptiva era muy inconsistente en su papel, creando así mucha confusión. Además, competía con la paciente por la posición “maternal” en relación con sus hermanos y depositaba en ella unas expectativas y exigencias que ésta no era capaz de cumplir sobre su “ideal familiar”, que reflejaban un deseo insatisfecho de maternidad. Durante la hospitalización se realizaron múltiples intervenciones psicoterapéuticas, individuales, grupales y familiares y se pautó antidepresivo y antipsicótico como antiimpulsivo. La evolución está siendo favorable, la paciente mantiene estabilidad psicopatológica, destacando un significativo punto de inflexión en el momento en el que tanto la paciente como los padres adoptivos ponen en palabras el deseo mutuo de deshacer la adopción. Actualmente, se está trabajando junto a los Servicios Sociales en esta dirección. Sin embargo, nos preguntamos: ¿Acaso el ser “devuelta” por sus padres adoptivos, no reproducirá el desamparo primario que experimentó la paciente en la construcción de su psiquismo?
CONCLUSIÓN: En la clínica se percibe la vulnerabilidad de los pacientes traumatizados no solo a nivel psicobiológico sino también social. Por ello es importante no limitarnos a reducir la sintomatología, sino también debemos apoyar activamente el mantenimiento o, incluso la creación de un desempeño social dañado o que se ha perdido por completo. Para ello, es fundamental crear un vínculo confiable y seguro para que el/la paciente pueda elaborar, reexperimentar, resignificar y repararse a nivel intrasubjetivo, relacional y social, y evitar la retraumatización.
