Trastorno Disociativo y Trauma. Conductas de Riesgo.

1. Introducción: A través de un caso clínico se describe la disociación traumática como experiencia que desafía el sentido de unicidad del sí mismo. Se trata de una chica de 33 años que sufrió dos episodios traumáticos cuando contaba con la edad de 11 años, desde ahí comienza con crisis disociativas y conversivas de características complejas, desdoblamiento del yo , representando en ellas conductas e ideas infantiles y manifestaciones autolíticas de forma recurrentes.
2. Material y Métodos: Seguimiento estrecho por la paciente a nivel de psicoterapia individual, familiar desde al menos 2 años de tratamiento.
3. Resultados:A pesar del seguimiento intensivo de la paciente la evolución no ha sido favorable , persisten las crisis disociativas y episodios conversivos dónde se le paraliza el hemicuerpo izquierdo, reviviencias del suceso traumático, mostrándose con actitud y conductas infantiles y regresivas, la clínica persiste con fluctuaciones con múltiples atenciones de urgencias con crisis disociativas, pueril y regresiva , con trastornos de conducta, en las que se autoagrede y síntomas de desrealización .
4. Discusión: En cada una de las fases disociativas aparecen síntomas marcadamente diferentes. En la fase intensiva la persona se ve inundada por fragmentos no integrados de recuerdos traumáticos que reaparecen espontáneamente y en la fase insensible, estos mismos fragmentos son mantenidos a raya, pero la persona se siente entumecida y despegada , como si viviera “ en la superficie de la conciencia “. Los sintomas disociativos de cada una de estas fases se complican adicionalmente por el hecho de ser tanto psicológicos o psicomorfos como sensoriomotrices o somatomorfos. La traumatización implica en esencia un cierto grado de disociación de los sistemas psicobiológicos. Una o más de las partes disociadas de la personalidad del sujeto evita recuerdos traumáticos y desempeñan funciones de la vida diaria mientras que una o más partes quedan fijadas a las experiencias traumáticas y a las acciones defensivas. Esta alternancia y coexistencia entre reexperimentación del trauma y evitación del mismo sería características del TEPT.
5. Conclusiones: El trauma por sí sólo no es un factor suficiente para explicar por qué un individuo acaba desarrollando un trastorno disociativo. Uno de los principales factores de esa resiliencia es el haber tenido al menos una figura de apego seguro. A lo largo del seguimiento se ha podido ir trabajando con la paciente las consecuencias y experiencias vividas por el abuso sexual . En ese sentido, se evidencia tendencia a reacciones disociativas, incluida cambio de identidad patológico como mecanismo de defensa sintomático en la paciente -que llega a presentar alteración del juicio de la realidad -, así como la merma en las oportunidades académicas y laborales que la clínica dio lugar. Aún así hay que seguir trabajando para una disminución sintomatólogica, una integridad psicológica y la proyección vital desde unos recursos sanos de afrontamiento así como la relación de interdependencia con su familiar.
