Suicidio en adultos mayores tras el estado de alarma por Covid-19. A propósito de un caso.
Introducción y descripción del caso.
El suicidio es causa de 1.000.000 muertes/año a nivel mundial. En la tercera edad se recogen unas tasas de suicidio muy elevadas; más de 1000 suicidios/año se producen entre mayores de 70 años, un 26% del total. Asimismo, son alarmantes las cifras de suicidios en mayores de 79 años, entre los cuales ha aumentado un 20% respecto a años anteriores, tanto en hombres como en mujeres.
En la ancianidad ocurren cambios estructurales y funcionales tras alcanzar la madurez, que implican una disminución en la capacidad para adaptarse ante factores nocivos y una repercusión en el aumento de la probabilidad de muerte. Las alteraciones cognitivas pueden ser un factor estresor para la aparición de ideación suicida. La toma de decisiones mermada y el reconocimiento social deteriorado que aparece en el deterioro cognitivo, son la base de una disfunción ejecutiva, lo que puede conllevar la aparición o incremento de la ideación suicida.
Presentamos un caso de un varón de 84 años diagnosticado de F32 episodios depresivos tras el confinamiento de marzo de 2020, momento a partir del cual empezó a referir molestias somáticas centradas en el tránsito gastrointestinal y sintomatología ansioso depresiva. Sin antecedentes personales hasta la fecha. Antecedentes familiares de hijos afectos de trastorno bipolar.
Objetivos.
Señalar la dificultad del abordaje de las ideas y conductas suicidas en los adultos mayores, siendo crucial la detección de los factores de riesgo asociados.
Evolución y tratamiento.
En mayor de 2021 fue preciso un ingreso en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica para contención del riesgo autolítico. En primer plano se objetivaba tendencia a la rumiación, angustia y bajo ánimo, con rápida remisión de la sintomatología tras el ingreso. La vivencia de estreñimiento, que mejoró con la pauta de lactulosa, alcanzaba rango delirante por momentos.
Al alta se ajustó tratamiento con mirtazapina y quetiapina, siendo derivado al Centro de Salud Mental para continuar el seguimiento. Coincidiendo con la desescalada de quetiapina en el periodo de estabilidad psicopatológica, incrementó la angustia interna con un marcado empeoramiento del estado anímico, llevando a cabo un intento autolítico grave consistente en la precipitación de un pozo de ocho metros.
Durante el ingreso se modificó la pauta de quetiapina por sertralina al evidenciar mayor recursividad verbal e ideas deliroides de corte obsesivo relacionadas con preocupaciones somáticas, que parecían tener un carácter más obsesivoide que deliroide, sustentadas en rasgos basales del paciente, aunque congruentes con el estado depresivo.
Al alta fue derivado al CSM y al Centro de Día, donde acude regularmente y mantiene estabilidad psicopatológica.
Conclusiones.
El intento de suicidio en los ancianos es un problema de salud pública potencialmente prevenible. Suelen tratarse de verdaderos suicidios frustrados por su elevado grado de premeditación, métodos mortales utilizados, coexistencia de enfermedades físicas pulmonares, gastrointestinales… Los adultos mayores deprimidos tienen a minimizar la tristeza por considerarla parte sustancial de la vejez, centrando la queja en dolencias físicas. Los síntomas somáticos pueden ser un signo de depresión y debemos detectarlos precozmente para evitar el riesgo de suicidio.
