Síndrome metabólico y antipsicóticos de segunda generación: “Doctor, ya no oigo voces en mi cabeza…pero estoy gordo”

Los pacientes con enfermedad mental grave, como la esquizofrenia y el trastorno bipolar, presentan un mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular debido a la conjunción de una serie de factores de riesgo cardiovasculares asociados a la resistencia a la insulina (Obesidad abdominal, dislipidemia aterogénica, hipertensión arterial, intolerancia a la glucosa y un estado protrombótico y proinflamatorio), que en conjunto reciben el nombre de “Síndrome Metabólico”. Estos factores de riesgo favorecen el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes mellitus tipo II. Supone un verdadero problema de Salud Pública al aumentar la mortalidad de origen cardiovascular en este tipo de pacientes, especialmente debido a la aparición más precoz de enfermedad coronaria. Se ha calculado una media de años potencialmente perdidos que va de 25 a 30 años con respecto a la población general. Diferentes estudios muestran que dicho síndrome presenta una alta frecuencia en pacientes con trastorno mental grave, con un ligero predominio en el sexo femenino.
Para su diagnóstico disponemos de diferentes clasificaciones, aunque en la actualidad los criterios diagnósticos más usados son los de la NCEP ATP III y los de la IDF. Aunque se trata de un síndrome que presenta una fisiopatología compleja, en la que influyen diferentes factores etiopatogénicos, como la propia vulnerabilidad intrínseca de la psicosis o los estilos de vida poco saludables, el uso de antipsicóticos atípicos es un factor importante en su patogenia. El incremento del apetito provocado por los antipsicóticos atípicos, debido al antagonismo de los receptores histaminérgicos tipo 1 y serotoninérgicos tipo 2C, causa un aumento del peso que conduce a la aparición de obesidad. Ésta, supone la aparición de un estado de resistencia a la insulina en el organismo que provoca la alteración del metabolismo de los hidratos de carbono y de los lípidos. Estas alteraciones metabólicas favorecen la aparición de enfermedades cardiovasculares y de diabetes mellitus tipo II, con el consecuente aumento de la mortalidad cardiovascular.
Para su control resultan de vital importancia tres aspectos: la promoción de hábitos de vida saludables, el seguimiento metabólico del paciente y una adecuada elección del antipsicótico. Se debe concienciar al paciente sobre los efectos positivos de una dieta equilibrada y del ejercicio físico sobre su salud, así como monitorizar una serie de variables con especial importancia metabólica (Tensión arterial, peso/IMC, glucemia y perfil lipídico). La prescripción del antipsicótico es el factor etiopatogénico en el que la labor del psiquiatra juega un papel más importante. En dicha elección deben primar la eficacia de dicho fármaco y la presencia de anormalidades metabólicas. En los casos más graves, debemos optimizar los fármacos más eficaces sobre el riesgo metabólico, debido a que dicha situación supone una mayor afectación del funcionamiento individual y socio-familiar del paciente. Sin embargo, en otros casos, ante la aparición de alteraciones metabólicas, debemos tener en consideración el cambio a otro antipsicótico atípico con una menor asociación al síndrome metabólico, con el objetivo de evitar su aparición y así disminuir el riesgo de mortalidad cardiovascular.
