Protocolo de Actuación en la Conducta Suicida en el Servicio de Urgencias

Introducción:
El suicidio se considera un problema de salud pública con alrededor de un millón de muertes anuales en todo el mundo. Además, repercute de manera importante en el entorno, ya que las vidas de los allegados se verán profundamente afectadas a nivel emocional, social y económico.
El término suicidio procede del latín sui, “a sí mismo”, y occidere , “matar”. Según la OMS, el suicidio se define como un acto deliberado por el que el sujeto se causa la muerte con conocimiento o expectativa de un desenlace fatal. En un sentido amplio, la conducta suicida se refiere no sólo a la acción que culmina con la muerte, sino que también engloba actos en los que la muerte no llega a producirse.
Objetivo:
Aportar información basada en la evidencia que oriente a los profesionales de la salud en la prevención, detección precoz e intervención en caso de conducta y/o ideación suicida .
Metodología:
Se realiza una búsqueda bibliográfica que permita elaborar un protocolo de actuación en la conducta suicida en el Servicio de Urgencias.
Resultado:
La intervención en el Servicio de Urgencias comenzará valorando la gravedad de las lesiones en caso de que éstas se hubiesen producido y procediendo al tratamiento y estabilización del paciente. A continuación, será necesario valorar el riesgo inminente de conducta suicida, tomando medidas de seguridad específicas si estuviera indicado.
Ante una conducta potencialmente suicida, la intervención del psiquiatra debe dirigirse en primer lugar a definir e identificar el problema, evaluando la existencia de factores asociados a la conducta suicida (de riesgo, predictores y protectores), el tipo de conducta suicida (ideación, comunicación o conducta suicida), las características de la ideación suicida (planificación, evolución, frecuencia y valoración de la intencionalidad y determinación), así como las características del intento de suicidio: desencadenantes, valoración de la intencionalidad, letalidad de la conducta, método (intoxicación medicamentosa, daño físico u otros), actitud actual ante la conducta suicida, provisión de rescate o despedida en los días previos.
Ante un paciente que acude refiriendo ideación o impulsos suicidas deberemos valorar la potencialidad suicida, mientras que en aquellos pacientes que hayan sobrevivido a un intento tendremos que valorar la gravedad y probabilidad de que éste se repita.
Una vez realizada la evaluación psiquiátrica, habrá que valorar la necesidad de tratamiento psicofarmacológico y/o psicoterapéutico , así como la necesidad de ingreso hospitalario. Éste se llevará a cabo cuando exista una repercusión médico-quirúrgica del intento, se requiera un tratamiento del trastorno mental de base o exista riesgo suicida inmediato.
Conclusión:
El suicidio y las conductas relacionadas con el mismo constituyen una de las principales causas de demanda sanitaria en el Servicio de Urgencias. Si bien es cierto, que el suicidio no es una conducta totalmente predecible, una adecuada evaluación e intervención en el momento de crisis puede ayudar a cambiar la actitud del paciente sobre su intención de morir, así como a delimitar los casos en los que persiste un riesgo grave de suicidio.
