Los supervivientes.

Javier de 40 años, es asistido por el servicio de emergencias sanitarias, certificando su muerte tras ahorcadura en su propio domicilio.
Sin antecedentes psiquiátricos conocidos. Entre los antecedentes orgánicos destaca EPOC grado GOLD II y cardiopatía isquémica de reciente diagnóstico. Sin hábitos tóxicos desde hace dos años (previos:tabaco y cocaína).
Casado, con dos hijos de 22 y 20 años, que conviven en el domicilio familiar, estudiantes universitarios ambos. Empresario de éxito, desde hace 3 años en declive financiero. Su esposa de 37 años, regenta una pequeña empresa a nombre de ambos. Red social y familiar amplia. Deportista. En los últimos años la relación matrimonial se había deteriorado, en días previo al suicidio, ella había solicitado el divorcio algo que al parecer el no aceptó verbalizando, intención suicida si esto se llevaba a cabo. Los hijos se habían posicionado a favor de la madre; marchando al domicilio de los abuelos maternos.
Meses después los hijos acompañan a la madre al servicio de urgencias por persistencia de ideación suicida que explica con sentimientos de culpa por no haberlo evitado, no haber atendido a las señales y verbalizaciones del marido y haberlo dejado solo en su declive físico y económico “no merezco vivir”. Los hijos reconocen que les cuestan ejercer su función de soporte por estar también pasando por un período de tristeza con sentimientos de vergüenza y abandono afectivo y se preguntan: “¿cómo pudo hacernos esto? Ha marcado a nuestra familia”.
Jordan afirma que los duelos suicidas se diferencian en tres aspectos: su contenido temático (búsqueda de sentido del suicidio: culpa, por la muerte sentimientos intensos de rechazo, abandono y hostilidad con el fallecido), los procesos sociales implicados (estigma y auto-estigma) y el impacto que el suicidio tiene en la familia (aumento del riesgo suicida en supervivientes). Rocamora hace referencia a que los supervivientes pueden hacerse 5 pregunta: ¿por qué me ha hecho esto? ¿Se podría haber evitado? ¿Qué pensarán de mi los vecinos, amigos y familiares? ¿Mi familia está maldita? ¿Qué pinto yo en la vida? Si además la identificación con la persona que se ha quitado la vida era muy importante las ideas y conductas autodestructivas no son infrecuentes. Entre las técnicas de abordaje de este tipo de duelos destacamos la propuesta por Worden: utilización de un lenguaje evocador, con preguntas largas, uso de símbolos (fotos, cartas, ropas, joyería… del fallecido), escribir al fallecido (cartas), dibujarlo, role playing, reestructuración cognitiva, libro de recuerdos del fallecido ó imaginación guiada (imaginar al fallecido en una silla vacía, es una técnica muy potente porque se puede hablar con la persona y no de la persona).
