PO26-C-41 Atención integral a personas trans

La disforia de género (DG) genera sufrimiento en la persona y en su entorno, especialmente en la adolescencia. Los servicios de salud registran un aumento de consultas por DG e investigaciones señalan que esto se produce más acusadamente en chicas adolescentes. Mientras las asociaciones proporcionan apoyo social, el contexto clínico debe garantizar una evaluación rigurosa, detección de comorbilidades y definición de itinerarios terapéuticos.
Las guías internacionales (American Psychiatric Association (APA); Standards of Care de la World Professional Association for Transgender Health (WPATH), recomiendan intervenciones individualizadas, flexibles y centradas en la persona. La literatura propone la espera activa antes de iniciar intervenciones médicas. El Cass Review, destaca la necesidad de una evaluación exhaustiva, la consideración de comorbilidades y la prudencia con los tratamientos médicos.
Presentamos 9 casos clínicos atendidos desde 2021 para ilustrar la diversidad de trayectorias y demandas, y contribuir a una reflexión clínica fundamentada en la evidencia y en la experiencia. Recogimos sexo biológico, edad y nivel de estudios; edad de inicio; motivo inicial de consulta; antecedentes de salud mental; comorbilidades; y trayectoria clínica.
Observamos una mayoría de mujeres biológicas frente a varones. Aunque la mayoría acudió inicialmente por DG, durante el proceso emergieron necesidades paralelas: dificultades emocionales, conflictos familiares, problemas de adaptación social o psicopatología. En la mayoría, la DG comenzó en la adolescencia temprana, y en el año 2020, coincidiendo con el año de la pandemia de COVID-19 y el confinamiento. En todos los casos se aplicó un enfoque de acompañamiento clínico-terapéutico de espera activa, que permitió explorar otras necesidades y ofrecer apoyo emocional y psicoterapéutico.
Ocho pacientes iniciaron la transición social, solicitando cambios en nombre, pronombres o expresión de género. La mayoría se mantuvo en espera activa, sin un itinerario médico. Uno inició hormonación tras evaluación prolongada. Cuatro optaron por la detransición, con causas variadas (resolución de trauma infantil; brote psicótico; adolescencia y altas capacidades; diagnóstico de Trastorno Límite de la Personalidad y trauma por abuso sexual). Ocho presentaban antecedentes de salud mental de ansiedad, autolesiones, uso de sustancias, y conducta alimentaria. Se observaron casos de TEA, TDAH, AACC y trauma, lo que refuerza la necesidad de un abordaje integral y multidisciplinar.
Seis expresaron un fuerte deseo de avanzar rápidamente hacia la hormonación y cirugía, reflejando la tensión entre expectativas inmediatas y la necesidad de evaluación y acompañamiento, y de abordaje de aspectos personales, familiares o sociales que requerían atención.
Con esta experiencia confirmamos que la atención a personas con DG debe sustentarse en la escucha/espera activa y el respeto a los tiempos individuales. La heterogeneidad de trayectorias sugiere que no existen itinerarios únicos ni protocolos aplicables de forma generalizada; la necesidad de una evaluación integral y de intervenciones personalizadas que sean sensibles a la diversidad; y la importancia de analizar elementos contextuales o clínicos simultáneos.
En línea con la APA, la WPATH y revisiones internacionales recientes, resulta imprescindible avanzar hacia un modelo clínico centrado en la persona, flexible, riguroso y prudente, que garantice una atención sanitaria.
Bibliografía
American Psychiatric Association. Guidelines for psychological practice with transgender and gender nonconforming people. Washington, DC: APA; 2015.
Cass H. Independent review of gender identity services for children and young people: interim report. London: National Health Service England; 2022.
Coleman E, Bockting W, et al. Standards of care for the health of transgender and gender diverse people, version 8. WPATH; 2022.
Hembree WC, Cohen-Kettenis PT, Gooren L, et al. Endocrine treatment of gender-dysphoric/gender-incongruent persons: an Endocrine Society clinical practice guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2017;102(11):3869-903.
