Suicidio en la tercera edad

El suicidio es siempre una tragedia para el individuo, su entorno socio-familiar así como para las comunidades de las que forma parte y constituye un importante problema de salud pública que comporta la muerte de más de un millón de individuos al año en todo el mundo. La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha indican que la tasa de suicidio consumado en población de edad avanzada es mayor en comparación con población joven, estimándose un máximo de 45 suicidios por 100.000 habitantes/año en los varones ancianos, lo que corresponde a más de 4 veces la tasa global estimada para el resto de la población. Dado el envejecimiento progresivo de la población en los países occidentales, se espera que el número absoluto de suicidios entre los ancianos aumente de forma considerable en los próximos años.
Una característica de la conducta suicida en el anciano es que cerca del 86% de los casos que consuman el suicidio no reciben tratamiento psiquiátrico, a pesar de que más del 90% de estos individuos padecen algún tipo de enfermedad mental. La mayoría de los estudios indican que, en términos generales, el anciano no comunica su intención de cometer suicidio, apenas verbaliza sus sentimientos de desesperanza y no busca ayuda para mejorar su malestar.
A pesar de la importancia de la cuestión, el suicidio en el anciano no se ha abordado en profundidad en comparación con otros grupos de edad, y, por otro lado, no existen en nuestra población programas orientados a la prevención y tratamiento de los intentos del suicidio en este grupo de pacientes.
Se realizará una revisión global de los estudios llevados a cabo en los últimos años, en los que se han trabajado estrategias de prevención o intervención ante el suicidio en los ancianos.
