Mejorar la atención psiquiátrica a las personas transgénero para reducir el riesgo de suicidio
Una persona trans* es aquella que se identifica y/o se expresa con un género diferente al asignado al nacer. Esta expresión del género que sienten, tienen o eligen presentar entra en conflicto con las expectativas sociales de cómo se deben expresar, a través de la vestimenta, lenguaje o movimientos corporales, de forma acorde con el rol de género culturalmente aceptado.
Las personas transgénero, a menudo, se encuentran con dificultades añadidas respecto a las personas cuya identidad de género sentida está en concordancia con la asignada al nacer (persona cis* o cisgénero). Esto es debido a que en nuestro contexto social y cultural aún existen prejuicios sobre la diversidad sexual, corporal y de género.
A menudo, las personas que deciden vivir su sexualidad de forma diferente a la “heteronormalidad” social, presentan problemas de salud mental derivados, entre otras causas, de experiencias de discriminación, falta de apoyo social, abusos, y rechazo familiar. La clínica por la que suelen ser atendidas en las consultas de psiquiatría es por síntomas ansioso-depresivos, presentando en ocasiones ideación o conductas autolíticas. Entre los motivos más frecuentes por los que las personas trans* refieren valorar el suicidio son: la alta conflictividad familiar generada tras el reconocimiento de su identidad de género, el rechazo social sentido, la dificultad para expresar abiertamente su género de la forma deseada, o la desesperanza de solucionar sus problemas. Esta conflictividad suele comenzar en la adolescencia, siendo en estas edades cuando realizan el primer gesto autolítico o refieren el inicio de las ideas de suicidio.
Es frecuente que estas personas oculten su sufrimiento con el fin de evitar las consecuencias que pueda tener en su entorno familiar, educativo o laboral, y de pareja. De ahí suele derivar la dificultad que las personas trans* encuentran para pedir atención psiquiátrica por ideación autolítica. A esto se le suma la patologización de las identidades trans*, cuya clasificación diagnóstica se sigue ubicando dentro de los trastornos mentales. Otro aspecto que ofrece obstáculos en la relación terapéutica con estos pacientes es la presuposición de la heterosexualidad, la normativa de género o de características sexuales determinadas.
Esta situación compleja lleva a que el número de intentos de suicidio en personas transgénero sean superiores respecto a personas cisgénero.
Para mejorar la atención psiquiátrica a las personas trans* resulta imprescindible la eliminación de prejuicios y la promoción del respeto a la diversidad. Para ello, es necesario favorecer una comunicación abierta y confidencial con el paciente, que les garantice una atención psiquiátrica de calidad y acorde con sus necesidades, y siempre respetando sus derechos sexuales.
