La depresión en la Adolescencia: factores de riesgo en la conducta suicida.

Varón adolescente de 14 años, sin alergias medicamentosas conocidas, acude a Urgencias Generales del Hospital refiriendo dolor torácico mediante “pinchazos en el pecho” desde hace unas semanas. En un principio se decide únicamente abordaje orgánico mediante electrocardiograma, radiografía torácica y analítica sanguínea. Los resultados resultan negativos, sin ninguna complicación, al igual que la exploración física.
El paciente se encuentra consciente y orientado en espacio, tiempo y persona, abordable y colaborador. Buen contacto afectivo, eutímico, aunque algo estresado, intranquilo y ansioso, destaca cierta entonación particular del discurso, así como una rigidez cognitiva. Llama la atención la hiperformalidad en el trato con el profesional sanitario, que nos conlleva a plantearnos la posibilidad de altas capacidades de rendimiento. El discurso del adolescente se centra en su preocupación sobre la probabilidad de padecer una enfermedad cardiológica que le incapacite “llegar a ser perfecto en sus tareas”.
Acude acompañado de su padre, visiblemente afectado, que nos refiere una problemática subyacente a esta aparente problema orgánico: el chico ha manifestado a un compañero de clase la intención de suicidarse mediante la precipitación, al no poder soportar el sufrimiento acarreado por la autoexigencia tanto deportiva, académica como familiar, propias de un adolescente desbordado, así como por el acoso escolar, que posteriormente en entrevistas sucesivas descubriremos.
Este adolescente resulta un buen ejemplo de cómo la conducta suicida desde la infancia hasta la adolescencia es un problema cada vez más actual y necesario de reconocer y poder abordar. No es necesaria la capacidad cognitiva de una persona adulta para llegar a consumar el suicidio, también puede ocurrir sin ninguna duda en adolescentes. Es imprescindible destacar el factor subyacente más significativo en esta problemática: la depresión en el adolescente, que a su vez es causado por un cúmulo de factores cómo rasgos de personalidad autoexigentes, locus de control externo, impulsividad, alto rendimiento cognitivo, toma de sustancias, baja autoestima, etc. Sin olvidarnos de la importancia del nivel familiar (supervisión, contención, o dinámica en el seno familiar) así como orientación o identidad sexual y acoso escolar.
