Conducta suicida en ancianos

DESCRIPCIÓN DEL CASO
Mujer de 80 años, ingresa en Unidad Salud Mental tras realizar ingesta voluntaria de cáusticos. Entre sus antecedentes somáticos: es hipertensa, sufre de estenosis aórtica, hernia de hiato y dolor crónico por acuñamiento vertebral. Antecedentes psiquiátricos: seguimiento por su médico por síntomas afectivos, en tratamiento con varios antidepresivos y respuesta parcial a todos ellos.
Refiere ánimo depresivo de meses de evolución, aludiendo, como precipitantes, a una serie de pérdidas progresivas: autonomía, capacidades, relaciones familiares; así como a la posibilidad real de incorporación inminente en un centro residencial. En este contexto, comienza con verbalizaciones de muerte dirigidas a la familia, realizando finalmente ingesta de sosa cáustica que precisó ingreso prolongado en el Servicio de Digestivo.
EXPLORACIÓN PSICOPATOLÓGICA
Consciente y orientada en las tres esferas. Alteración discreta de la memoria a corto plazo e hipoprosexia. Hipotimia, disforia y sentimientos de frustración. Ideación de muerte recurrente y estructurada, realizando el gesto autolítico con finalidad suicida, habiendo también elementos movilizadores del entorno, moderada previsión de rescate y cierta planificación. Insomnio de conciliación.
EVOLUCIÓN Y TRATAMIENTO
Se realiza reajuste de tratamiento antidepresivo, con adición de pregabalina y quetiapina. La evolución es favorable tanto a nivel anímico, como en la elaboración del gesto, empezando a verbalizar los sentimientos de incapacidad y frustración derivados de su situación actual, marcada por la etapa vital en la que se encuentra y la imposibilidad de recibir los cuidados que precisa por parte de su familia, lo cual determina sentimientos ambivalentes hacia la misma.
Así mismo, se infiere cierta desinhibición y autorreferencialidad, no estructurada, por lo que al alta se remite para estudio por parte de Neurología (descartar inicio de deterioro cognitivo).
DISCUSIÓN
El suicidio entre los ancianos constituye una significativa causa de muerte, siendo la parcela social en la cual alcanza con más frecuencia la consumación. En ello intervienen factores psicológicos, físicos y sociales, si bien la evidencia sugiere que sus efectos suelen estar mediados por factores mentales, principalmente por la depresión (diagnóstico más común). Los factores médicos adquieren especial relevancia dada la mayor prevalencia de enfermedades crónicas, dolorosas, hospitalizaciones periódicas y enfermedades prodepresivas (demencia, enfermedad de parkinson). Es difícil detectar depresión mayor en pacientes con demencia, esto puede deberse a la pérdida de facultades para la expresión de la afectividad del paciente, la confusión por similitud de síntomas afectivos con cognitivos, o a la propia presentación, con frecuencia larvada, de la depresión en estos enfermos. En el ámbito familiar, destacan las mayores tasas de pérdidas del cónyuge (mayor vulnerabilidad del sexo masculino), la soledad y el sentimiento de ser una carga para su familia.
Se pronostica que para 2030 se duplicarán, en números absolutos, las muertes por suicidio en la vejez, por lo que se hace necesario profundizar en el conocimiento de estos factores de riesgo, para mejorar la prevención, y en las especiales características de presentación de la conducta en este grupo; igualmente importante desterrar el mito de asumir el suicidio en el anciano como algo existencialmente justificado y atribuirlo a consecuencias lógicas.
