Sobre la pandemia… y los intentos de regulación emocional.

Paciente de 23 años de edad. Soltero, sin hijos. Estudios: formación profesional. En la actualidad en desempleo. Tiene un hermano menor, con el que convive, así como con sus padres. Buena dinámica relacional familiar. Escasa red social fuera del núcleo familiar.
Acude de forma urgente derivado por Médico de Atención Primaria para valoración a nuestra USMC.
El paciente verbaliza sintomatología aguda de componente delirante-alucinatorio.
Carece de antecedentes somáticos de interés. No consume tóxicos. No tiene antecedentes personales ni familiares de valoración por Salud mental.
Presenta un fenotipo característico, por lo que solicitamos valoración por Medicina Interna, para despistaje orgánico (cariotipo, estudio hormonal, batería analítica completa y prueba de imagen (TAC cráneo) sin alteraciones significativas). Impresiona de bajo techo cognitivo, si bien, reside un núcleo rural aislado, existe una escasa demanda del medio con gran contención, y nunca se ha determinado capacidad intelectual, ni si ha hecho explicita esta cuestión en medio familiar.
El paciente en situación de pandemia, pierde estímulos y reforzadores naturales de contención, recurriendo a juegos de ordenador, con los que ha pasado horas llegando a una pérdida total del sueño. No verbaliza estresores. Se realiza gráfico vital, no destacan aspectos caracteriales, desajuste conductual o pródromos compatibles con estructura psicótica.
Verbaliza un síndrome delirante-alucinatorio, en el que entremezcla escenas confuso oníricas con elementos de estrategia correspondientes al juego, interpretaciones autorreferenciales del medio, ideación de perjuicio y persecución de sicarios, atribuye a un resalte óseo en zona frontal la significación de microchip por donde ejecutan órdenes que se relacionan con el control del virus…si bien el contacto, la resonancia afectiva y conductual son disonantes al discurso y hay cierta crítica. Por inicio brusco, correlato temporal, con situación de pandemia, abuso de juego, aspecto dismórfico, y estructuración del constructo delirante y verbalización de síntomas se intuye un trasfondo disociativo.
La evolución es desfavorable, no tolera secundarismos de múltiples ensayos terapéuticos (benzodiacepinas y antipsicóticos: risperidona, paliperidona, aripiprazol, quetiapina, olanzapina, etc .). Persiste sintomatología cambiante, conductas erráticas, evidenciando sintomatología negativa y deterioro. Procedemos al ingreso hospitalario con motivo de observación y filiación diagnóstica. Presentando finalmente mejor control sintomático con lurasidona a razón de 37 mg / día.
La actual situación de pandemia, que supone un estado permanente de activación del “sistema de alerta y amenaza” requiere de mecanismos adaptativos y estrategias de afrontamiento. En poblaciones especiales, ante dificultades emocionales o cognitivas de resolución de conflictos y manejo de estrés, el intento fallido de autorregulación emocional, puede conducir como en el caso actual, al afrontamiento desadaptativo mediante adicciones comportamentales.
En este caso, el juego patológico, lejos de mitigar la angustia previa, supone, un distanciamiento con la realidad. La persistencia en el tiempo de la situación estresante , la ausencia de otros mecanismos reguladores y la dificultad de abordaje por situación actual y aspectos fisiológicos individuales suponen un factor mantenedor de sintomatología.
Sería importante continuar una evolución a largo plazo, para comprobar el efecto contenedor del medio y cómo la sustitución por conductas reguladoras más adaptativas intervienen como factor pronostico.
